Saturday, December 27, 2008

Conociendo al Dios Santo

“Sino, como aquel que nos llamó es santo, sean santos en toda su manera de vivir, porque esta escrito: Sean santos como yo soy santo”
1ra Pedro 1:15-16
Cuando hablamos de “santidad” rápido llega a nuestra mente la idea de alguien vestido fuera de moda, con una cara larga, y un ánimo amargado. ¡Nada más lejano de la realidad! Santidad es simplemente mostrar el carácter de Cristo en nosotros. Es vivir y comportarnos como Dios frente la gente que nos rodea.

Ciertamente, Dios no está de acuerdo con el estilo de vida que lleva la sociedad moderna. Por lo tanto, nosotros, que estamos sumergidos en ese ambiente (la moda, las posesiones, lo “último”, lo “in”, etc.), tenemos que aprender a ver las cosas desde el punto de vista de Dios, para cumplir nuestro propósito como cristianos. ¡De seguro que seremos asombrados con lo que descubriremos! Mucho de lo que hoy consideramos normal, bueno, o “neutral” en nuestra manera de vivir, pensar, hablar, actuar, vestir, etc., se descubrirá como lo que realmente es: pecado. Y, si somos de los que verdaderamente aman a Dios y quieren vivir para Su gloria, no tendremos objeción en cambiar nuestro estilo de vida por el de Él. Dios nos dice: “sean santos como yo soy santo” o sea, “sean como yo”.

Esto fue lo que le pasó al profeta Isaías. Un joven rico, exitoso, y de buen nombre, quien ve con mucha tristeza como su amigo, el Rey Uzías, siendo un hombre que respetaba a Dios, terminó lleno de orgullo y destruido. Todo el país lamentaba la muerte del Rey. Isaías se siente tan triste que va al templo a meditar y llorar. Es ahí que Dios se le muestra en una visión poderosa:

“En el año en que murió el rey Uzías, vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime… entonces dije: ¡Ay de mi! que soy muerto, porque soy hombre de labios sucios, que vivo entre gente de labios sucios, y he visto al Rey…”
Isaías 6:1, 5

Isaías vio a Dios en todo su esplendor y en vez de ponerse contento por la oportunidad única que le habían dado, se asustó terriblemente. ¿Qué lo hizo entrar en pánico? Lo mismo que nos pasará a todos hoy si nos dedicamos realmente a buscar a Dios de todo corazón:

Vamos a conocer a Dios de verdad, vamos a saber quién es él realmente. Luego, nos miraremos a nosotros mismos y nos daremos cuenta de que la vida que hemos vivido, la que creíamos que era muy “buena y noble”, no llega “ni a primera base” contra el estándar de Dios. Por eso Isaías dijo: “soy hombre muerto, porque estoy sucio, y vivo entre gente sucia, y he sido confrontando con un Dios supremamente limpio, puro y hermoso”.

Conocer al Dios Santo producirá en nosotros temor, respeto a Dios, y un deseo de volvernos a él de todo corazón para alcanzar la meta que él nos ha trazado: ser como Jesús, para ser luz en medio de la oscuridad de este mundo triste.

En Cristo,
Gadiel

P.D. ¡Felicidades en esta Navidad y en el Nuevo Año 2009! Que el Señor colme de alegría y bendiciones sus vidas y que traiga consuelo, dirección y sabiduría para que vivamos la vida que él tiene para nosotros.

Sunday, October 19, 2008

En búsqueda de la santidad

En 1ra de Pedro 1:15-16 la Palabra de Dios nos dice:

“Sino, como aquel que os llamo es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo”

El tema de la santidad del creyente es uno complejo y polémico, pero sumamente importante. De hecho, podemos decir sin temor a equivocarnos, que “buscar la santidad” es la tarea principal del cristiano durante todo su caminar por esta tierra.

Pero, ¿qué es santidad? ¿Es ser perfectos, sin pecado alguno? ¿Acaso puede alguien lograr eso? Si somos honestos, sabemos que es totalmente imposible vivir una vida perfecta según el estándar de Dios, 100% libre de pecados. De hecho, el apóstol Juan nos lo dice con toda claridad (1ra de Juan 1:8):

“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros”

¡Ouch! ¡Qué balde de agua fría sobre nuestra tan cuidada apariencia de buenos cristianos! Entonces, si ser santo es algo inalcanzable, ¿por qué Dios lo exige? ¿Cómo es posible que nos diga: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14)? Para entender la exigencia de Dios tenemos que conocer el concepto bíblico de la santidad.

La santidad bíblica se compone de dos aspectos: (1) lo que Dios ha hecho por nosotros, lo que él declara que ahora es nuestra realidad, y (2) lo que Dios exige de nosotros como norma de vida, como proceso permanente de cambio.
  • Ser “santo” es ser “separado” (o consagrado) para Dios - Esto es algo que ocurre inmediatamente ponemos nuestra fe en Jesucristo y entregamos nuestra vida a él. Dios nos separa para su propósito eterno y nos declara suyos. En 1ra Corintios 6:20 se nos dice: “Porque habéis sido comprados por precio…”; nuestra salvación es una transacción espiritual donde pasamos a ser propiedad de Dios para su uso particular. En este aspecto, somos hechos “santos” inmediatamente nos convertimos a Dios y permanecemos en ese estado por la eternidad.
  • Ser “santo” es vivir moralmente sin reproche – La expectativa de Dios con sus escogidos y santificados es que comencemos un proceso de vida, en el que, según su Espíritu nos vaya enseñando y dirigiendo, nosotros nos movamos cada vez mas lejos de todo lo relacionado a nuestra pasada manera de vivir (nuestro carácter y conductas antiguas), y nos acerquemos a nuestra nueva realidad de vida (el carácter y la conducta de nuestro Padre celestial). En Tito 2:11-12 se nos dice: “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente”
Por lo tanto, según la Palabra, somos santos y estamos en el proceso de santificación. Esto es exactamente lo que Pablo les dice a los Corintios en su saludo: “Pablo, a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos…” (1ra Corintios 1:1-2). Notemos bien que dice: “a los santificados (los que ya son santos, separados para Dios), llamados a ser santos (llamados al proceso de cambiar su estilo de vida por uno acorde a su nueva naturaleza).

Esta definición doble de santidad es clara a través de toda la Palabra, y nos ayuda a no poner sobre nuestros hombros expectativas religiosas incorrectas, pero tampoco ser negligentes en el proceso más importante y esencial de toda nuestra vida cristiana.

En Cristo,
Gadiel

Saturday, September 13, 2008

Los cuatro tipos de corazón – El corazón bueno

En los últimos meses hemos explorado la Parábola del Sembrador de Mateo 13. En ella Jesús nos presenta cuatro tipos de “terreno” (o de corazón, que representa la condición interna en el ser humano), que producen cuatro tipos de fruto (o nuestra reacción al evangelio de Cristo). Esas reacciones vienen desde (1) mostrar ningún interés (corazón endurecido), (2) mostrar un interés “genuino” en lo exterior pero sin ninguna profundidad interna (corazón superficial), (3) mostrar un interés mezclado, con múltiples prioridades (corazón mundano), y como veremos hoy, (4) mostrar un interés genuino por las cosas de Dios y su Reino (corazón bueno).

¿Cuál es el corazón “bueno”? Jesús lo presenta en la Parábola de la siguiente manera:

“Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, cuál a treinta por uno… Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta y a treinta por uno” (Mateo 13:8, 23)

La “buena tierra” es un pedazo de terreno que no presenta las características malas de los terrenos anteriores (dureza extrema, camadas de piedra debajo del terreno, muchos espinos y hierba mala). Este es un terreno al que le han abierto surcos, y ha sido limpiado de piedras y raíces malas. Es un terreno realmente listo para recibir, guardar y nutrir una buena semilla. Cuando es regado y cuidado, este terreno “da fruto”. La idea final de trabajar un terreno es recibir ganancia de él. El agricultor lo trabaja con esfuerzo para lograr obtener resultados. No todas las secciones del terreno dan igual cantidad de frutos, pero al menos el agricultor recibe algo positivo (poco o mucho) a cambio de su labor.

Jesús compara al terreno bueno con un corazón que da fruto. Dios está esperando una respuesta genuina y definitiva a su anuncio del evangelio, sus buenas noticias: un cambio radical de estilo de vida que siga los pasos del ejemplo supremo que Cristo nos dio en su paso por la tierra. Por lo tanto, la prueba final de que nuestra conversión es genuina, de que hemos realmente rendido nuestra vida a Jesús (reconociéndolo como nuestra única alternativa a vivir una de significado hoy, y obtener la vida eterna en el mañana), es que nuestro caminar por la vida hoy presente marcas celestiales. Somos diferentes al resto del mundo, nos comportamos diferente, nuestras decisiones las tomamos desde la perspectiva de la ley de Dios (lo que él aprueba y desaprueba), y vivimos para mostrar amor y compasión hacia los demás, haciendo el bien a todos por igual y regando la noticia de esta nueva vida en Jesús.

¿Cómo logramos esto? Jesús nos da la respuesta en su explicación de este “terreno” bueno: es el que (1) oye el evangelio, (2) entiende el evangelio, y (3) da fruto. Todos “oyen” el evangelio en alguna ocasión. Muchos logran “entender” el evangelio en el nivel intelectual (¡pregúntele a un ateo!). Pero son muy pocos los que “dan fruto”, los que actúan sobre lo que se les ha dicho. Estos son los que se miran por dentro y se dan cuanta de su condición real, los que se duelen por el abismo que existe entre Dios y ellos, los que creen, aceptan y se rinden ante el anuncio de que Jesús es Dios y que vino a cerrar esa distancia entre él y nosotros por medio de la cruz del Calvario. Estos son los que se llenan de hambre y pasión por conocer a ese Dios que les ha venido a buscar, y quieren comportarse de tal manera que no dañen y destruyan esa nueva relación personal. Estos son los que aprenden que, aunque de este lado de la vida todavía mantenemos ciertos malos hábitos que se nos han “pegado” de nuestra experiencia pasada, hemos recibido de Dios el regalo de su presencia por medio del Espíritu Santo habitando en nuestros corazones. Este Espíritu es quién nos ayuda a entender las cosas de Dios, nos da dirección para nuestra vida, nos corrige en nuestro mal proceder, y nos da las fuerzas sobrenaturales para apartarnos de nuestros malos hábitos. En fin, esto produce el cambio de actitud y estilo de vida que es el “fruto” que Dios está esperando de nosotros.

¿Por qué hemos insistido en hablar de la condición del corazón? Esta Parábola que hemos estudiado nos define claramente cual es la actitud correcta hacia el mensaje del evangelio de Dios, y cuáles son las actitudes que nos apartan de ese mensaje. Es claro de nuestra discusión en todo este tiempo, que podemos estar sumamente engañados acerca de nuestra supuesta “cristiandad” y religión. Dios no mira lo de afuera, sino que nos conoce en lo mas profundo de nuestro interior, esto muy diferente a nosotros, quienes somos engañados frecuentemente por nuestro propio corazón. La Palabra de Dios intenta abrir nuestros ojos y confrontarnos con nuestra realidad hoy, para que hagamos cambios radicales en sumisión delante de Dios, antes de que sea demasiado tarde. Si no estamos viviendo y produciendo como el terreno “bueno”, no somos cristianos, no importa lo conformes que estemos con la calidad de nuestra supuesta “vida espiritual”. ¡Y a salir de toda hipocresía y engaño, y dar verdaderos resultados eternos, es a lo que nos llama el Señor!

En Cristo,
Gadiel

Saturday, August 23, 2008

De Lakeland, Todd Bentley y otros huracanes (Parte 2)

En un reciente desarrollo de este asunto (favor referirse al blog de la semana pasada), a continuación un “link” en donde encontrarán el artículo “A STATEMENT AND APPEAL REGARDING LAKELAND - Dutch Sheets (Aug 21, 2008)”:

http://www.dutchsheets.org/index.cfm

Es una carta abierta del pastor Dutch Sheets, uno de los líderes prominentes del mover carismático de la reforma apostólica que dirige Peter Wagner (el pastor Sheets se reporta directamente a Wagner en su red apostólica). En la misma, Sheets expone el fraude, la decepción y el gravísimo error que el movimiento cometió al apoyar a Todd Bentley y sobre todo al “ungirlo” o promoverlo con la “cobertura” apostólica de Wagner, Che Ann, John Arnott, entre otros. Por fin alguien del ala carismática se "pone los pantalones en su sitio" y dice la verdad tal cual es. Que Dios utilice esto para poner en orden Su casa y que Su gloria sea lo único que brille en la verdadera iglesia de Cristo.

Si no entiende inglés, busque a alguien que le traduzca el artículo. Si tiene problemas, escríbame un comentario en este espacio o envíe un email a pastorgadiel@gmail.com y veremos como lo podemos ayudar. Por ningún motivo deje de leer este importante artículo para que entienda de lo que muchos han estado hablando.

En Cristo,
Gadiel

Friday, August 15, 2008

De Lakeland, Todd Bentley y otros huracanes

Si han seguido de cerca las noticias de los pasados meses (o de los últimos años) relacionadas a “avivamientos carismáticos” en los Estados Unidos (los cuales han llegado a nuestras playas con algo de atraso), sabrán del desastre espiritual que está causando el más reciente de éstos en Lakeland, Florida, dirigido por Todd Bentley de Fresh Fire Ministries. El movimiento neo-pentecostal/carismático, muy dado (para su propio mal) a buscar las manifestaciones “de Dios” con una saña no aprobada por la Palabra de Dios, está al borde de un abismo de división (lo cual puede ser muy bueno en vista de lo que ha ocurrido). Pero lo peor de todo es ver (como es usual en estos casos) la cantidad de gente que ahora comienzan a caer presa de coraje e incredulidad por haber sido engañados, decepcionados y no protegidos por sus líderes. Solo basta recorrer por los comentarios en blogs y notar la profunda decepción y tristeza de aquellos que fielmente seguían de cerca todos los acontecimientos por GodTv sin pasar juicio acerca de lo que estaban recibiendo. Ya los mismos que una vez estaban a favor de este supuesto “mover de Dios” han levantado su voz en contra de lo que a todas luces es un engaño masivo a gente crédula que no conocen a profundidad en lo que creen (le invito a referirse al último artículo del editor de la revista Carisma y líder del movimiento, J. Lee Grady, titulado “Life After Lakeland: Sorting Out the Confusion” en http://www.charismanews.com/).

Y de esto se trata todo este asunto; de discernimiento. Provengo de una educación cristiana evangélica de corte pentecostal clásica (pero basada en los principios de la Reforma Protestante de Lutero y Calvino), y creo en el mover de Dios, el poder del Espíritu Santo activo en la iglesia hoy, creo en la manifestación de dones espirituales a favor de la iglesia, creo en la sanidad, en la liberación, en las lenguas, y le pido a Dios cada día por su intervención sobrenatural en nuestra congregación y en la Iglesia en general. También estoy claro de que muchos hemos exagerado la nota en esto de las manifestaciones, adoptando prácticas ajenas al patrón bíblico. Hay inclusive algunos que erróneamente claman que lo que Dios hace hoy no se puede medir por el patrón bíblico, como si Dios se corrigiera a sí mismo, no siendo fiel a su Palabra. Como el que se hecha lo que sea a la boca diciendo que “lo que no mata, engorda”, el hambre de lo “sobrenatural” nos ha hecho comer cualquier cosa que nos ponen en el plato sin preguntarnos si es de beneficio para nosotros. Se nos ha enseñado que “lo que se manifiesta no se discute”, que “juzgar” es blasfemar al Espíritu, que no se “toca a los ungidos de Dios” no importa lo que digan o hagan, etc. etc. etc. Todo esto sumamente falso cuando se saca de su contexto en la Palabra y se le da la interpretación que se quiere para promover un “nuevo mover de Dios”, una “nueva revelación”, “un nuevo tiempo”, el “avance del Reino”, etc.

He pasado mis cortos 39 años de vida en iglesias pentecostales y he visto un sinnúmero de aberraciones en nombre de Cristo, asuntos en los que el mismo enemigo ha tomado ventaja para confundir y dividir a los hermanos. Todo porque a algunos de nosotros se nos olvidó que esto no se trata solamente de emociones, saltos y experiencias sino también de la exigencia de Dios que nos metamos en su Palabra, la estudiemos con diligencia y oración, guiados por su Espíritu, para no caer presa de las artimañas del infierno. Pura vagancia espiritual que nos ha expuesto al engaño ocultista del enemigo, infiltrado entre nosotros con manifestaciones demoníacas. Fue el mismo Jesús el que reprendió a los fariseos por pedir “señales y prodigios” para creer en él, y les dijo que solo recibirían la “señal de Jonás”, juicio a todos aquellos que no crean y sigan su Palabra. Este Jesús fue el que reprendió a las multitudes que luego de ser alimentadas en una tarde de enseñanza al pie del monte, volvieron en la mañana para tomar el desayuno gratis. ¿Cómo les respondió el Maestro? Les dijo que era necesario que se lo comieran a él, dándoles a entender que lo importante no es la manifestación del poder de Dios sino la aceptación de Su señorío en nuestras vidas. La Biblia dice que desde ese día las multitudes dejaron de seguirle; ¡vaya estrategia de evangelismo! El “avivamiento” de multitudes “hambrientas por lo sobrenatural” se acabó cuando Jesús los confrontó con la necesidad de arrepentimiento. Este es el mismo Jesús que envió a los 70 a evangelizar, y éstos volvieron felices de ver a los “enfermos sanados y los demonios sujetándoseles” y él les dijo que no se alegraran de las manifestaciones sino de que sus “nombres estén escritos en los cielos”.

Jesús no rechazó las manifestaciones de su poder, sino que las utilizó para (1) atraer la atención del público general y para (2) sacar a la luz (discernir, separar) a los que venían en busca de la salvación y los que venían en busca de los “panes y los peces”. Jesús, y luego todo el resto de los apóstoles, enfatizaron una y otra vez, la necesidad de un corazón transformado (de piedra a carne) por causa del milagro más brutal, genuino y maravilloso que existe: la salvación del pecador. Y luego, enfatizaron hasta la saciedad la necesidad imperativa de un cambio de mente:

“No os conforméis a este siglo, sino renovaos en el espíritu de vuestra mente, para que podáis discernir cuál sea la voluntad agradable y perfecta de Dios” (Romanos 12:2)

Es en nuestra mente, sentimiento y emociones, donde libramos esta amplia batalla espiritual contra las fuerzas del enemigo, la cual sólo puede ser ganada a través de la verdad de la Palabra, que arraigada en nuestros corazones, da a luz fe en el poder de Dios que nos libra del maligno. No hay otra manera, no hay otra forma. Él nos dio su Palabra para usarla como arma en contra de nuestro enemigo; si no la estudiamos, entendemos y aplicamos a nuestras vidas, pereceremos.

Entonces, ¿qué hacer? ¿Qué podemos ganar de esta experiencia? Debemos aprender a discernir, pasar juicio, juzgar, como nos exige la Palabra. Como todos sabemos "juzgar" no es anti-bíblico, legalista, tradicionalista ni muerto, es un mandato de Dios para que no caigamos presa de espíritus de error que entraron en la iglesia desde el tiempo de los apóstoles, haciéndose pasar por cosas de Dios (o sea parecidos a cosas espirituales) pero conteniendo engaño y error ocultista. Esto no es nuevo. Las cartas de Pedro, Juan y Judas fueron en su mayoría escritas para advertir a los creyentes de la iglesia primitiva acerca de personas que tendrían apariencia de piedad (parecerían bien intencionados y "ungidos") pero que negarían la eficacia de la misma. ¿Cómo podemos juzgar lo que vemos que se vende como de Dios? Al menos tenemos dos maneras:

  • El fruto del asunto – ¿Cuál es el resultado a corto, mediano y largo plazo de estas reuniones de avivamiento? A corto plazo todos estamos felices por las sanidades y apariciones extravagantes. ¿Es la gente realmente transformada luego de la excitación del momento? ¿Dejan realmente de pecar (fornicación, adulterio, mentira, robo, engaño, lujuria, etc.)? ¿Adquieren temor a Dios? ¿La iglesia adquiere fervor religioso (en el buen sentido), motivándose a evangelizar, orar, ayudar al pobre, discipular, etc?
  • La doctrina del asunto – No podemos evitar hablar de doctrina bíblica. Si algo me preocupa grandemente es que se están enseñando cosas que no son bíblicamente justificables (por ejemplo, la insistencia de ángeles guiando creyentes en trance en viajes al 3er cielo; esto es una doctrina "New Age" ocultista bien conocida que habla de los espíritus guías - la Biblia le llama a esto "doctrina de demonios"). Bajo la excusa de que estamos viendo lo "nuevo de Dios", la "nueva revelación", estamos entrando prácticas y enseñanzas no bíblicas a la iglesia. Creo que todos estamos de acuerdo en un principio básico de la Escritura: no hay ninguna nueva revelación. Todo lo que Dios se propuso revelar a nosotros está escrito en la Palabra, toda práctica está sancionada en la Palabra. Muchos han dicho que no todo lo que va a ocurrir en este tiempo está escrito en la Palabra porque son "cosas nuevas" que Dios está haciendo. Cabe la pregunta, ¿cómo pretenderá Dios que juzguemos lo que vemos si no tenemos un estándar para juzgar? Si todo lo "nuevo" está correcto aunque no aparezca registrado en la Biblia, ¿cómo puedo discernir lo bueno de lo malo? La respuesta que muchos dan es que en estos lugares hay manifestaciones: se hablan lenguas, se cae la gente hacia atrás, hay sanidades, etc. Lamentablemente estas mismas manifestaciones las podemos encontrar en los centros espiritistas, hinduistas (estudie un poco del “kundalini” y verá a lo que me refiero), etc., los cuales no tienen la verdad. Las manifestaciones fueron la prueba de la verdad cuando Jesús y sus discípulos estaban predicando el evangelio y luego escribiendo la Biblia. Luego de que la verdad ha sido plasmada en las Escrituras, las manifestaciones ya no son prueba de que lo que se habla está correcto, pues el enemigo utiliza las mismas manifestaciones para engañar. Ahora la verdad se mide por lo que dice la Palabra. Hoy más que nunca en vez de buscar "lo nuevo", el mandato de "volver a la senda antigua" es apremiante y necesario.

Para concluir este extenso escrito, aclaro que mi intención es de ninguna manera ser divisivo y polémico, pero si de recalcar que hay un peligro en todo lo que estamos viendo. Que lo que se dice desde el altar no necesariamente es de Dios por el mero hecho de que estén pasando cosas extraordinarias y al verlas nos "sintamos" muy emocionados. Si lo que se predica está acorde con el evangelio completo de Dios, si los frutos a corto y largo plazo son la convicción de pecado y el arrepentimiento, entonces y solo entonces tenemos un avivamiento. Y eso es lo que queremos y anhelamos: un genuino avivamiento de salvación sobre nuestra vida, familia, ciudad y país. Que la gente escuche el verdadero evangelio de Dios predicado sin adulterar, sin manipulación, plagio o engaño para ganancia deshonesta, y que se vuelvan a él de todo corazón, compungidos por su pecado, redimidos por la sangre de Jesucristo nuestro Señor.

Así que espero no haber ofendido ni de ninguna manera haber perturbado su corazón, solo que tengo en mi interior un gran celo porque lo que es de Dios (y solo lo que es de Dios) permanezca en nosotros y de fruto. Creo que lo mejor para nosotros cada día es que podamos en humildad orar por discernimiento, abrir los ojos y las Escrituras, y encomendarnos a nuestro Padre celestial. Si somos de Cristo, eventualmente, no importa la algarabía y revolución del momento, oiremos Su voz, pues el nos enseño: "Mis ovejas escuchan mi voz y me siguen".

En Cristo,
Gadiel

Saturday, August 2, 2008

Los cuatro tipos de corazón – El corazón mundano

Continuamos explorando la relación que existe entre la condición del corazón (nuestro ser interior, nuestra alma) y los resultados espirituales en nuestra vida (lo que Jesús llama “el fruto” en la parábola del sembrador). El tercer tipo de corazón es el “mundano” y se menciona de la siguiente manera:

“Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron… El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.” (Mateo 13:7,22)

La ilustración nos enseña a un sembrador echando semillas en un terreno aparentemente limpio pero con raíces de yerbajos y espinos escondidos debajo de la superficie. Tan pronto la semilla trata de crecer, es rápidamente alcanzada y sobrepasada por los yerbajos y espinos que ya viven allí. Lo que hacen estos yerbajos es crecer rápidamente para tapar el sol y robar la humedad de lluvia a la semilla que acaba de ser plantada.

Jesús compara este terreno a la persona que oye y entiende la palabra, pero que no cede sus prioridades en la vida para dejar entrar las prioridades de Dios. Esta es la gente que corren aceleradamente para probarse a ellos mismos y a los demás, que pueden ser exitosos, relevantes, importantes, etc., de acuerdo a la definición de “éxito” del mundo actual en el que vivimos. Nuestra sociedad postmoderna (como la llaman los filósofos de esta época) muestra una ansiedad, preocupación y fatiga por “tener” lo que se supone debo tener según el estándar actual: casa grande, carros caros, mucho dinero en la cuenta, alguna posición importante. Queremos que la gente nos vea y que cuando nos compare con los demás, tengan que admirarse ante nuestra sagacidad (en buen puertorriqueño, ¡Que “mostros” somos!). ¿Qué es lo más que admiramos? Solo necesitamos dar una vuelta por algunos programas de TV actuales: “It’s good to be …”, MTV Cribs, “Most outrageous weddings”, “The life of the rich and the famous”, etc. Todos exaltan la gente que ha alcanzado muchas cosas, mucho placer, y prestigio.

El problema con esta visión de la vida es que se nos vende como una meta que nos proveerá libertad para hacer lo que deseemos y ser felices, pero realmente es una grandísima atadura espiritual que nos va a frustrar, deprimir y al final destruir. ¿Qué dice la Biblia acerca de esto?:

“Ciertamente como una sombra es el hombre; ciertamente en vano se afana; amontona riquezas, y no sabe quién las recogerá” (Salmos 39:6)

“No te afanes por hacerte rico; se prudente, y desiste.” (Proverbios 23:4)

“Vela por ti mismo, que tu corazón no se llene de glotonería y embriaguez, y de los afanes (el estrés) de esta vida, y venga de repente sobre ti aquel día” (Lucas 21:34, parafraseado)

¿De que “día” habla este último verso de la Biblia? El inevitable día en que todos los seres humanos que han existido o existirán en el futuro sobre la faz de la tierra, tendrán que encarar a su Hacedor, Dios mismo sentado en su trono soberano. En “ese día” el prestigio, el dinero, la fama, el éxito, todo nuestro diminuto imperio que formamos con gran afán durante todos los días de nuestra vida, serán inservibles frente a la gran pregunta: ¿Estás en paz con Dios? ¿Estás reconciliado con tu Creador? ¿Conociste a Jesús, el único que media (el árbitro) entre el Dios justo y nosotros, los que le hemos echado a un lado?

Lamentablemente tu asistencia a una iglesia, tu trabajo en algún grupo de ayuda social, tu participación en algún “ministerio” religioso no compensará en lo absoluto tu falta de relación con Dios. Y esta relación es un asunto de prioridades. Dios no comparte su gloria (su primer lugar, su supremacía) con nadie. O eres de él, por él y para él o existe algo más en tu interior (en tu corazón) al que le debes fidelidad. Y nuestro Señor Jesucristo fue muy claro en esto:

“Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No puedes servir a Dios y a las riquezas” (Mateo 6:24)

Que nos quede claro, Dios no pretende que seamos irresponsables con nuestra vida, con el cuido de los seres queridos, con cumplir con nuestras obligaciones, pero si pretende que nuestra fidelidad, compromiso, fuerzas y primer lugar se lo demos por entero a él. Y él promete ser por nosotros en todas nuestras necesidades:

“No te afanes diciendo: ¿Qué comeremos, o que beberemos, o que vestiremos? Tu Padre celestial sabe que tienes necesidad de todas estas cosas. Pero, busca primero el Reino de Dios y su justicia, y lo demás vendrá añadido.” (Mateo 6:31-33)

En Cristo,
Gadiel

P.D. Puedes incluir tus comentarios y preguntas en el blog o enviarlos a pastorgadiel@gmail.com. Es importante para nosotros saber que estamos alcanzando a alguien con la Palabra de Dios.

Saturday, July 19, 2008

Los cuatro tipos de corazón – El corazón superficial

En nuestra última conversación comenzamos a explorar los tipos de actitud del corazón que Jesús nos muestra en la parábola del sembrador. Como ya aprendimos, es importante conocer como trabaja nuestro corazón para que no seamos engañados al pensar que estamos “bien” en nuestra relación con Dios cuando realmente estamos lejos de él. Hoy queremos explorar por un momento el segundo tipo de corazón – el superficial.

“Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó… Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.”
Mateo 13: 5-6, 20-21

En la parábola, este suelo es tierra que parece buena, pero tiene una capa densa de piedra a poca distancia de la superficie. Cuando una semilla cae ahí, la raíz no tiene hacia donde profundizar, así que la planta brota rápido a la superficie buscando humedad por lo que comienza a exhibir sus hojas. De primera instancia, parecería que éste es el terreno mas bueno, el que mas fruto va a dar. Pero llegado el día caluroso, estas plantas mueren secas porque no tienen profundidad para buscar agua.

El Señor nos dice que ésta es la gente que oye la Palabra y reacciona rápida, efusiva y gozosamente. Pienso mucho en las grandes actividades evangelísticas en donde la gente, luego de escuchar la música, o la predicación super-emotiva, o ver manifestaciones espirituales impresionantes, se excitan, se emocionan y toman decisiones apresuradas acerca de su futuro espiritual.

Sin embargo, “convertirse” a Jesús por que me gusta “el ambiente” o porque me tocaron las emociones, o porque me dijeron que Dios me solucionaría todos mis problemas, es una receta para el desastre espiritual. El proceso genuino de salvación se da cuando, por la predicación del evangelio y por el poder el Espíritu de Dios, soy convencido de mi condición delante de Dios, de mi pecado y rebeldía contra él, cuando me arrepiento de mi camino (esto significa me “doy la vuelta”), y entrego mi vida a Dios, aceptando a Jesucristo y su sacrificio como mi única esperanza de vida. Esto es seguido por el “fruto”, que es un cambio radical, genuino y completo de mi estilo de vida por uno que agrada a Dios. Esto no significa que inmediatamente ceso de cometer pecados, pero sí que mi manera de manejar mi vida ha cambiado radicalmente. Ya lo que hacía antes no me agrada, ya mis prioridades han cambiado, ya mi deseo no es para mí sino para Dios.

El que tiene un corazón superficial es aquel que, en el día que es probado, no resiste. ¿De qué tipo de prueba estamos hablando? El texto nos dice “la aflicción o la persecución a causa de la palabra”, y en este caso representa el momento en que la Palabra de Dios, la exigencia de Jesús hacia nosotros, choca contra un corazón que no está realmente arrepentido de su maldad. Debajo de la apariencia de piedad y cristiandad, hay una piedra, un endurecimiento por causa del deseo pecaminoso que no ha sido destronado de nuestro corazón. Dios, en su misericordia, continuará exponiendo aquellas cosas que están en nuestro interior que necesitan ser arrancadas por su poder. Aquél que todavía ama su pecado, no quiere que Dios se meta en su vida. Estas son personas que aún permaneciendo en las congregaciones, son gente no-arrepentida, no-regenerada, que eventualmente causan conflictos, contiendas, disensiones, y que traen escándalos de inmoralidad y deshonestidad a la iglesia. Parece que “son” pero no son. Aprendieron desde temprano el “juego de la apariencia” y engañan a los hermanos con su participación en las actividades de la congregación, con sus “ministerios”, con sus ofrendas, con su aparente compromiso. Pero Dios no puede ser engañado; él conoce nuestro corazón y en su momento, a través de la luz reveladora de su Palabra, expone nuestra hipocresía religiosa y nuestra voluntad todavía cautiva a nuestras pasiones.

El pecado no confesado dentro de nuestras iglesias es síntoma de la presencia de corazones superficiales; gente no-regenerada que no está arrepentida de su mal proceder y que no tienen genuino interés de responder a las exigencias de Dios para sus vidas. Esto es un juego peligroso, porque la apariencia de piedad solo nos llevará a ser “vomitados de la boca de Dios” el día en que nos presentemos ante su trono de juicio. La rectitud de corazón, ser íntegro, de una sola pieza, es un requisito esencial para confirmar nuestra salvación. No podemos llamarnos cristianos y vivir una vida interior llena de corrupción. A la larga todo se sabrá, porque no hay pecado oculto que no sea expuesto. Si ésta es la condición de tu corazón, todavía estás a tiempo para arrepentirte y realmente conocer el poder libertador de Jesús para ti.

En Cristo,
Gadiel

Saturday, June 21, 2008

Los cuatro tipos de corazón – El corazón endurecido

En nuestra última conversación, vimos la importancia que tiene la condición de nuestro corazón (nuestro pensamiento, afección y voluntad) para poder recibir y crecer en el conocimiento de Dios y la vida espiritual efectiva. Nuestra respuesta a la Palabra dice toneladas acerca de nuestra honestidad respecto a la ley de Dios, tanto así que Dios está dispuesto a “cerrar” nuestros oídos a Su voz para que “no nos convirtamos ni nos sanemos” si nuestra actitud hacia su Palabra es de indiferencia o hipocresía. Jesús habló acerca de la condición del corazón en la parábola del sembrador (Mateo 13:1-23), donde identifica al menos cuatro tipos de actitudes del corazón al responder al evangelio. La primera habla de un corazón duro e incrédulo que pierde la oportunidad de conocer a Dios por causa del pecado que domina su vida:

“Y he aquí el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron… Oíd, pues, vosotros, la palabra del sembrador: Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino” (Mateo 13:3-4, 18-19)

El “camino” en el campo no es terreno listo para la siembra, porque el frecuente paso de la gente por él va compactando el terreno haciéndolo cada vez mas duro e impenetrable. Asimismo, hay gente que tiene el corazón endurecido por causa del pecado en su vida. Son personas que practican el pecado y sus conciencias no los acusan de su maldad, quienes han perdido todo vestigio del llamado de Dios al arrepentimiento en sus vidas. Definitivamente estamos hablando de gente muy mala (ladrones, homicidas, violadores, etc.) pero no nos engañemos; aún la gente “moral, ética, modelos de sociedad” (de acuerdo a los estándares humanos) caen dentro de esta categoría. Un “corazón duro” no habla de gente perversa (aunque no los excluye) sino de gente que no interesan tener una relación con Dios. Ellos entienden que pueden manejar sus vidas capazmente y no necesitan de nadie (y menos de Dios) para que les diga lo que tienen que hacer. Dios (¡si acaso!) es solamente un punto mas en su agenda semanal, con el cual “cumplen el domingo” y luego olvidan. Son gente que han probado “no tener en cuenta a Dios” como escribe el apóstol Pablo en su carta a los Romanos.

Cada vez que le hablamos a un amigo o a un familiar acerca de la verdad de Jesucristo, pero vemos que su respuesta ni siquiera se acerca a un diminuto interés por lo que estamos compartiendo, sabemos que estamos frente a un corazón incrédulo. ¿Cuántos hemos dado testimonio de nuestra fe a otro y luego de concluir nos parece que hemos estado hablando con una pared? Exactamente de eso se trata; su corazón es como una muralla que no permite el paso de la Palabra, y el cual está cautivo por el enemigo, el diablo, que los quiere retener en su potestad.

¿Qué debemos hacer al respecto? Como iglesia que conoce el proceso de salvación de Dios (que la salvación de los hombres proviene enteramente de él, solo por Su gracia), sabemos que debemos continuar hablando la Palabra del evangelio a tiempo y fuera de tiempo, y también debemos continuar orando intensamente por la conversión de todo aquel al cual le testificamos. Dios y solo Dios, a través de su Espíritu, es capaz de penetrar el terreno más duro y de derribar la muralla más alta que se levanta en contra de su verdad. Así que, no nos cansemos de evangelizar de todo corazón y con todo fervor, que Dios a su tiempo hará su obra a favor de los escogidos para su salvación.

En Cristo,
Gadiel

P.D.
  1. Esta semana hicimos el lanzamiento de nuestra primera producción discográfica del grupo de adoración de la iglesia: Adoración del Centro. El proyecto se titula “Más que Suficiente”, también canción tema de la producción, y que estará prontamente disponible en las librerías cristianas de Puerto Rico y a través de varios “outlets” de música digital en Internet. Pendientes a los eventos que pronto seguirán este lanzamiento, el cual fue realizado solo para la gloria de Dios, quién nos salvó y redimió para él, a través del sacrificio perfecto de su amado hijo Jesucristo. A él sea toda la gloria, la alabanza y el honor.
  2. Continúo actualizando los listados de libros recomendados para lectura. Reconozco que no muchos pueden leer inglés fluidamente, pero muchos de esos escritores ya han sido traducidos al español (John Piper, John MacArthur, R.C. Sproul, Martin Lloyd Jones, John Stott, C.S. Lewis, C.J. Mahaney, Jerry Bridges, Timothy Keller, A.W. Pink, A.W. Tozer, J.I. Packer, entre otros). Les recomiendo que busquen buena literatura cristiana que les ayude a crecer en el Señor. Sobre todo, no sigan comprando libros cristianos de “auto-ayuda” que continúan poniendo el foco de nuestra atención en nosotros mismos y no en Dios. Busquen libros que los reten a aprender y entender la doctrina bíblica, pues en la Palabra es claro que el conocimiento de Cristo y su cruz es lo que nos salva.

Saturday, May 17, 2008

Jesús y la condición del corazón

La semana pasada vimos que la Palabra de Dios nos advierte acerca de la condición de nuestro corazón (nuestro ser interior), porque podemos ser de los que asisten regularmente a una congregación y permanecer engañados, creyendo que estamos en paz con Dios pero nuestra realidad es que vivimos en muerte espiritual (Hebreos 3:12-13, 4:1-2). Jesús abundó acerca de este asunto en el pasaje de la parábola del sembrador (Mateo 13). Pero antes de entrar en el contenido de la parábola, vamos a concentrarnos en una discusión que Jesús tuvo con sus discípulos, y que es de extrema importancia a todo aquél que quiera llamarse cristiano.

El capítulo 13 de Mateo comienza con Jesús “sentándose” frente a la multitud. Ésta era la postura de enseñanza de los maestros rabinos; o sea, lo que Jesús tenía que decir era importante y la gente estaba ávida por oír. Sin embargo, en ese día Jesús decidió hablar todo en parábolas (historias morales) y no claramente. Cuando se termina el día, los discípulos de Jesús le recriminan (vers.10): ¿Por qué les hablas en parábolas?, o mejor dicho ¿Para qué confundes a la gente? ¿Es que no quieres que te sigan? La respuesta de Jesús es todavía más asombrosa (vers.11): “Para que no me entiendan”. ¿Para que no lo entiendan? ¿Qué le pasa a Jesús? La razón por la cual Jesús justifica su acción es impresionante y sumamente atemorizante para todo aquél que realmente le quiere seguir. Citando al profeta Isaías (Isa. 6:9-10) Jesús proclama:

“De oído oiréis, y no entenderéis, y viendo veréis, y no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos. Para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y con el corazón entiendan, y se conviertan y yo los sane” (Mateo 13:14-15)

Existe una condición del corazón, la cual es descrita aquí como “engrosado”, que significa “engordado”, la cual lleva a Dios a cerrar su mensaje al hombre, literalmente para que no “entienda, ni se convierta, ni sea sanado”. ¿Qué es un corazón “gordo”? La gordura por glotonería (no la que se refiere a una condición médica o de herencia), es causada por la pobre alimentación y la falta de ejercicio. En el caso espiritual, el “corazón gordo” existe en aquél que no le interesan los asuntos de Dios, que alimenta su mente con cualquier cosa excepto con la Palabra de Dios, y que no ejerce las disciplinas espirituales (“ejercicios espirituales” tales como la oración, el ayuno, la lectura, el estudio, la meditación en la Palabra, etc.). Dios retiene su Palabra, la cual es el medio de salvación para la humanidad (Romanos 10:17), a aquellos que no les interesa el mensaje, y para ser más específicos, que no están dispuestos a responder al costo del mensaje: la negación al yo y la entrega total y final de nuestra voluntad a él.

Esto que acabamos de discutir es un asunto serio y de consecuencias eternas para todo aquél que no le presta atención. Mirar nuestro corazón para asegurarnos que está alineado con la Palabra de Dios, y que no es rebelde al mandato de Dios para nuestras vidas, es vital para que podamos llamarnos verdaderos cristianos, verdaderos hijos de Dios.

En Cristo,
Gadiel

Saturday, May 10, 2008

El corazón incrédulo

Vivimos en un tiempo en donde la iglesia del Señor padece de una enfermedad terrible: la liviandad espiritual. Sabemos muy poco acerca de lo que creemos (conocimiento bíblico doctrinal), y nuestra relación individual con Dios es casi inexistente (el ejercicio de las disciplinas espirituales). La Biblia es bien enfática al decirnos que dentro de la iglesia visible (los que asisten cada domingo, participan en algún “ministerio”, dan sus ofrendas y diezmos, y a todas luces parecen cristianos comprometidos) habrá muchos engañados. Gente que creen ser cristianos porque en algún momento tuvieron un “encuentro con Dios”: se emocionaron al escuchar un sermón avivado, vieron alguna manifestación sobrenatural, y a consecuencia de ello “pasaron al frente” y repitieron la “oración del penitente”. Para que estemos meridianamente claros desde el comienzo de nuestra plática, la Palabra de Dios nos declara que la prueba única, final y contundente de la regeneración del pecador a una nueva criatura es el fruto de su arrepentimiento:
“Así que todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malo. Así que, por sus frutos los conoceréis”
(Mateo 7:16-20)
Dios nos envía una advertencia muy dura con respecto a este asunto, para que miremos nuestro corazón y nos volvamos a él inmediatamente si es que encontramos en nosotros las señales de un corazón incrédulo. Veamos:
“Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones. Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo”
(Hebreos 3:7-8,12)
La condición de nuestro corazón dictará si al darse a conocer nuestro verdadero fruto, nos apartaremos de Dios por causa de nuestra maldad sin erradicar. En la Palabra de Dios, el “corazón” es el asiento de nuestro pensamiento (mente), nuestros sentimientos (lo que nos gusta y lo que no nos gusta) y nuestra voluntad (lo que escogemos hacer o no hacer). Este texto que acabamos de leer nos dice que hay “corazones malos” y los define como “corazones de incredulidad”. Son “creyentes” que escuchan la Palabra cada domingo, piensan acerca de ella, pero chocan con la exigencia de Dios para sus vidas. Les gusta más su pecado que lo que Dios les requiere y escogen seguir su placer en vez del reclamo de Dios. Esto se llama rebeldía y es el mismísimo pecado del Edén.
Sabemos que los cristianos estamos en un proceso de crecimiento en donde en ocasiones pecamos contra Dios. Pero todo verdadero creyente es aquél que se espanta, se duele, se fastidia por haberle fallado a Dios, y se arrepiente inmediatamente de su maldad con lágrimas. Sin embargo, el creyente falso, el de corazón endurecido, es aquel que repite su pecado sin ningún tipo de remordimiento, y tapa su apariencia “cristiana” con asuntos religiosos (como la participación en algún ministerio, grandes ofrendas, y aún manifestaciones falsas de espiritualidad). Mira como la Biblia describe a éstos de corazón incrédulo:
“A causa de esto me disgusté contra esta generación, y dije: Siempre andan vagando en su corazón y no han conocido mis caminos”
(Hebreos 3:10)
Son gente que han oído el mensaje del evangelio, es posible que lo sepan de memoria y lo puedan predicar con fogosidad (lo que nosotros confundimos con “poder”, ¡¡¡error!!!), pero no han conocido el camino de Dios. No han experimentado el verdadero poder del evangelio de Dios, que no consiste de ruido, espectáculos llamativos, grandes manifestaciones ni milagros, ni manipulación de emociones, sino de estilos de vida transformados radicalmente para la gloria de Dios y para testimonio a los que no creen. Este es el verdadero fruto: el que corrige su vida sexual desordenada (dejando el adulterio, la fornicación, el homosexualismo y el lesbianismo, la pornografía), el que pone en orden su familia, el que ordena sus finanzas, el que deja de mentir y robar en sus negocios, el que cambia su lenguaje y deja atrás las maledicencias, el chisme y las contiendas, el que deja de pensar en sí mismo y lo que puede obtener de Dios (el egoísta engañado por el brillo satánico de las riquezas) y comienza a pensar en la necesidad de su hermano en la fe y del vecino en la comunidad.
Hermanos, no seamos engañados por nuestra condición pecaminosa. ¡Miremos, probemos, examinemos nuestro corazón y volvámonos a Dios prontamente para ser restaurados y sanados mientras hay oportunidad!
“Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado”
(Hebreos 4:1)
En Cristo,
Gadiel

Friday, March 14, 2008

Conociendo a Dios – Parte 9

La semana pasada hablamos acerca de nuestra idea de Dios: así como pensemos de él, de esa manera será nuestro compromiso con sus cosas. Por esto es esencial conocer a Dios de la manera en que la Palabra lo muestra; si no lo hacemos asi, nuestra fe se debilitará grandemente. La iglesia que no conoce a Dios termina perdiendo el temor a él. Y si perdemos el temor de Dios, no tomaremos en serio sus reclamos (su santidad), y nos parecerá poco probable que él nos castigue por nuestros pecados y faltas. Nos decimos a nosotros mismos: “Nadie es perfecto, Dios lo sabe, y ¡él es amor!, así que no nos va a castigar. ¡Eso son pamplinas de viejos!”

¿De dónde sacamos un concepto tan degradado de Dios? Ya que estamos tan mal informados por no leer y estudiar cuidadosamente toda la Palabra de Dios, tendemos a crear nuestras propias ideas acerca de quién es Dios y como es su carácter. Hoy vemos por doquier (en “posters”, libros religiosos, presentaciones románticas en la Web) el concepto de un Dios que parece mas un padre malcriador, que no tiene control de sus hijos, y que está rogando porque le hagamos caso. Él es el amigo, compañero, ayudador, servidor, el que nunca se ofende y siempre perdona, el que nos entiende y soporta, el que nunca nos hará daño. En fin, Dios es como uno de nosotros. Nos hemos hecho una imagen de un viejo abuelo, sabio y sin fuerzas, que nos da todo lo que queremos y no nos reprocha por nuestra mala conducta (¿acaso no hemos escuchado en la calle que todo el que se muere “va al cielo” no importa la clase de vida que haya vivido?) Esto es hacernos una idea personal y muy acomodada del Dios con el que queremos “hacer negocios”. Esto se llama idolatría, es bajar a Dios al nivel de la criatura, y es un pecado terrible.

En el Salmo 50, Dios trae a juicio al pueblo de Israel por hacer exactamente eso. Dios se denomina el Juez (v.6), una función que no nos gusta nombrar mucho. Dios les condena por su religión falsificada (v.8-13), pues creían que llevando a cabo los ritos establecidos (sin tener el corazón correcto) iban a “apaciguar” a Dios. Esto es exactamente lo que las naciones paganas piensan de sus “dioses”; seres variables, sujetos a pasiones que “hay que mantener contentos”. Algo así continuamos haciendo hoy cuando “vamos a la iglesia” los domingos, echamos la “pesetita voladora” en el plato de la ofrenda, y salimos corriendo para continuar con nuestra vida sin Dios. Dios recrimina esta falsa religiosidad en los versículos 16-17, apuntando a la falta de amor hacia la verdad como la peor hipocresía en contra de él:

“Pero al malo dijo Dios: ¿Qué tienes tu que hablar de mis leyes, Y que tomar mi pacto en tu boca? Pues tu aborreces la corrección, y echas a tu espalda mis palabras”

Y es entonces donde Dios da el diagnóstico de la condición, la razón por la cual el pueblo trataba a Dios tan livianamente (v.21-22):

“Estas cosas hiciste, y yo he callado; pensabas que de cierto sería yo como tú; pero te reprenderé, y las pondré delante de tus ojos. Entended ahora esto, los que os olvidáis de Dios, no sea que os despedace, y no haya quien os libre”

Dios es Dios. No es como nosotros, y no tenemos derecho a tratarlo como si fuera un “pana”. Nuestra función como cristianos es acercarnos a su Palabra para ver que ella dice acerca de él, y entonces regirnos día a día por aquello que le agrada. Él y sólo él, se merece toda la gloria, toda la honra, la alabanza y adoración. Los que siguen ese camino (de conocerle y seguirle) verán las bendiciones de Dios en sus vidas:

"El que sacrifica alabanza me honrará; y al que ordenare su camino, le mostraré la salvación de Dios”
Salmos 50:23
En Cristo,
Gadiel

Saturday, March 8, 2008

Conociendo a Dios – Parte 8

¿Por qué la condición moral y espiritual de la iglesia es tan pobre en este tiempo? Con tristeza tenemos que admitir que en los últimos años la iglesia evangélica ha estado repleta de malos ejemplos de vida cristiana: adulterio, fornicación, abuso matrimonial, y escándalos financieros. Pastores que violan la confianza de su congregación, vidas dobles e inmorales, y un apetito super-desmedido por el dinero y los lujos entre los líderes. Y lamentablemente esto es lo que entonces le enseñan a las congregaciones, y terminamos con una iglesia igual o peor que el mundo del cual nos separaron. Otra vez nos preguntamos, ¿por qué?

A.W.Tozer, un excelente pastor y maestro de mediados del siglo pasado (todo lo que consigas de él cómpralo y léelo), lo expresó más o menos así: “Como veas a la iglesia por fuera, te da una indicación de lo que ella piensa de Dios en su interior”. Dicho de otra forma: de la manera que conozco a Dios así seré y me comportaré. Basado en esto, parece que nuestra iglesia hoy en día no está sirviendo al mismo Dios que nuestros antepasados, y mucho menos al Dios de la Escritura.

Los seres humanos nos asombramos ante algo espectacular, grande, hermoso, importante. Si tenemos la oportunidad de acercarnos a un líder político respetable, a un artista famoso, o a un excelente atleta internacional, nos llenamos de admiración y nos sobrecogemos por el momento especial que nos tocó vivir. Nos gusta aprender y hablar con otros acerca de nuestros héroes, gente especial y única, que emprenden grandes retos y cumplen inmensas hazañas. Una buena pregunta para cada llamado cristiano de hoy: ¿Nos asombramos y sobrecogemos ante el pensamiento de Dios? O dando un paso atrás en el argumento: ¿pensamos alguna vez en Dios?

Como dijimos anteriormente, lo que pensamos de Dios se nota en nuestra relación con él y cómo se lo “vendemos” al mundo. Por lo tanto,

  • Si nuestro Dios es asombroso, alto (Soberano, Rey, Señor, el que manda en tu vida), sublime (el deseo de tu corazón, la persona con quién más quieres estar, la que más extrañas cuando estás lejos), fuerte y todopoderoso (la persona en quien más confías), perfecto y santo (tu estándar a seguir, tu ídolo, tu héroe), entonces los demás verán en nosotros un anhelo por seguirle, por amarle y estar con él siempre. Seremos gente que necesitamos a Dios cada día.

  • Ahora, bien, si nuestro Dios es pequeño (más parecido a los hombres que nos rodean), simple (que hay que mantenerlo “de buenas” con algún regalito ($$$), salir con él “de vez en cuando”, que no sabemos de qué humor estará hoy), escondido (que no sabe o no le importa lo que está pasando en la tierra, que no tiene el control del día de hoy ni del mañana), irrelevante (super-aburrido, “old fashion”, de viejos), entonces los demás verán en nosotros poca reverencia, escasa adoración, una relación personal con Dios inexistente. Trataremos a Dios y sus cosas con poca estima y deferencia. O aún peor, negaremos que el Dios que nos han enseñado es el verdadero y nos inventaremos uno nuevo que esté mas a tono con lo que creemos que él debe ser.

Esto se llama idolatría y hablaremos de ello la semana entrante.

En Cristo,
Gadiel

Saturday, March 1, 2008

Conociendo a Dios – Parte 7

La semana pasada vimos que Dios se muestra a nosotros (se deja conocer) a través de su Hijo Jesucristo:
“El que me ha visto a mi ha visto al Padre”
(Juan 14:9)
El resultado de conocer a Dios a través de Jesús es obtener la vida eterna, la seguridad de que cuando termine nuestra vida en la tierra, no se acaba todo sino que realmente comienza la mejor parte:
“Y esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero y a Jesucristo, a quien has enviado”
(Juan 17:3)
Jesucristo hizo el reclamo de exclusividad en nuestra búsqueda de Dios. Dijo que no había otra forma de llegar al Padre sino era a través de él:
"Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre, sino por mi”
(Juan 14:6)
Este reclamo es considerado hoy en día muy ofensivo. “Todas las religiones nos llevan a Dios” dicen muchos. Consideran a los cristianos como tontos ignorantes que no están “abiertos” a aceptar otros puntos de vista, otras religiones “buenas”. Pero (tomando un pensamiento del apologeta cristiano Ravi Zacharias) no es posible que todas las religiones puedan estar en lo correcto. Eso es un pensamiento absurdo e ilógico. La verdad no es lo que nosotros queremos que sea; la verdad es solo una, lo que Dios dice. Jesús predicó que él tenía la verdad, y que esa verdad nos llevaría al Padre y nos haría libres.
Entonces, ¿cómo puedo conocer a Jesucristo?:
  • A través de su Palabra – Dios designo a la predicación como el medio para hacernos llegar el conocimiento acerca de él (Romanos 10:14). El estudio concienzudo de la Biblia y el escuchar atentamente a los que predican el verdadero mensaje del evangelio, acompañado de fe, va a producir salvación en nuestras vidas.
  • Obteniendo una relación personal con Jesucristo –Es recibir a Jesús en nuestro corazón, aceptando su llamado al arrepentimiento de nuestra vieja vida y la renovación de propósito en nuestra nueva vida. Es comprometernos con él, para conocer los principios del Reino e identificarnos con las preocupaciones de Jesús. Es volvernos en amistad con Dios, para obtener paz y seguridad en él

En Cristo,
Gadiel

Saturday, February 23, 2008

Conociendo a Dios – Parte 6

¿Cómo podemos conocer a Dios? Los cristianos creemos y afirmamos que Dios se ha revelado a sí mismo a los hombres en tres maneras: la naturaleza, la persona de Jesucristo, y la Palabra (la Biblia). Todo lo que necesitamos saber acerca de los asuntos de Dios está a nuestra disposición si nos dedicamos a estudiar estas tres fuentes. Sin embargo, los hombres, en nuestro afán por ser los más grandes, los primeros, los dueños de nuestra vida y forjadores de nuestro propio destino, nos esforzamos muchísimo para borrar la idea de un Ser mayor a nosotros. En nuestro tiempo y época, nos gusta controlar nuestra vida y hacer lo que queremos sin rendirle cuentas a entidad superior alguna. Esto es un terrible error que cometemos, que tiene consecuencias eternas. Veamos:

La naturaleza le muestra a todos los hombres (creyentes y no creyentes, cristianos y no cristianos) de la existencia de un Ser Supremo que hizo todo lo que hay. La extrema complejidad del universo, la tierra y los seres vivientes, por lógica nos lleva a concluir que hubo mucho pensamiento y una planificación maestra de todo lo que existe. Sin embargo, los seres humanos hemos desechado la enseñanza bíblica de un Dios que creó todas las cosas que vemos, y la hemos reemplazado por la idea de que todo surgió al azar (¡por carambola!).

Jesucristo fue una persona histórica que reclamó el título de Dios para sí mismo (¡un reclamo bien descabellado!). Dijo que era perfecto como su Padre celestial. Dijo que iba a pagar con su vida el precio del desprecio que los hombres le habían hecho a Dios. Y dijo que no iba a permanecer muerto, que iba a resucitar, porque él era Dios. ¿Era Jesús un loco? Los resultados de su vida nos dejan ver que él tenía razón. Según los documentos históricos que nos han llegado, tanto sus seguidores como sus enemigos atestiguaban de su integridad y perfección ética y moral. Los eventos alrededor de su muerte fueron una reproducción exacta de escritos proféticos judíos de siglos anteriores (la razón del Nuevo Testamento es probar exactamente eso), que hablaban de un “Cristo” que iba a reconciliar a los hombres con Dios. Pero sobre todas las cosas, la locura que dominó a sus seguidores luego de su muerte es algo excepcional. Ellos reclamaron haberlo visto vivo luego de tres días de muerto, y comenzaron a predicar acerca de él. Cualquiera puede decir que eran un grupo de “buscones” tratando de cazar ignorantes para llenarse de dinero y poder. Pero la realidad fue todo lo contrario. Por seguir al Cristo que reclamaban haber visto, perdieron todo, fueron perseguidos, presos, maltratados, empobrecidos y finalmente muertos trágicamente por su predicación. Pero su testimonio (que Jesús es quién dijo que es) arropó al mundo.

¿Qué hemos hecho los hombres con esta revelación? Algunos niegan de manera categórica la divinidad de Jesucristo. Para ellos, él es sencillamente un “buscón” mas. Otros, que no se atreven a negar la veracidad histórica de estos hechos, se han engañado de la peor forma. Para éstos Jesús no es Dios que bajó a la tierra a vivir entre los hombres, sino un hombre excepcional que alcanzó un “estado elevado”, una “conciencia cósmica” superior que lo llevó a vivir una vida extraordinaria. Jesús es solo un ejemplo de lo que ellos mismos pueden llegar a ser por su propio esfuerzo. Otra vez niegan la intervención de un Ser Superior en la vida humana, quién reclama adoración y sujeción, y prefieren pensar que todo gira en torno a ellos mismos.

Continuaremos la semana próxima…

En Cristo
Gadiel

P.D. Estamos celebrando nuestro 3er aniversario en la CCA. Gracias por su apoyo y oraciones.

Saturday, February 16, 2008

Conociendo a Dios – Parte 5

¿Cuál debe ser el proyecto de vida, la motivación principal de cada día para el cristiano? Conocer a Dios.

Nosotros no debemos gastar nuestras energías y tiempo en alcanzar las mismas cosas que el mundo se propone en su búsqueda de significado: sabiduría, riqueza, poder y placer. Sabemos por la Palabra de Dios que la búsqueda de estas cosas en sí mismas no produce felicidad real y duradera en esta vida, y solo llevan a la muerte en la eternidad. ¿No hemos escuchado a artistas y celebridades decir: “la felicidad no existe, solo hay pequeños momentos de dichas que tenemos que aprovechar”, “la vida es solo una y hay que vivirla al máximo, sin restricciones y sin arrepentimiento”? Los que han alcanzado algo en esta tierra son los mismos que demuestran (aunque a veces no lo digan) que queda una insatisfacción en su interior, ya sea una infelicidad con lo que ya poseen, o un temor por lo desconocido de su futuro.

La Palabra de Dios es la que establece el proyecto de vida para cada hombre y mujer sobre la faz de la tierra, aquello por lo cual podemos estar realmente orgullosos y por lo cual recibiremos bendición eterna:

“Así a dicho Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra: porque estas cosas quiero, dice Jehová”
Jeremías 9:23-24

Conocer a Dios, saber quién es él, qué piensa y que nos exige, es aquello que nos dará los mejores resultados a todo lo demás que emprendamos en la vida, y asimismo nos llenará de la mayor satisfacción. Ahora bien, si éste es el propósito de vida según Dios, ¿cuál es la meta?

“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero y a Jesucristo, a quien has enviado”
Juan 17:3

Conocer a Dios no solo dará sentido, bendiciones y satisfacciones a tu vida, sino también que resultará en la eternidad con Dios cuando partamos de esta tierra. Hay vida después de esta vida, y cómo la pasaremos depende de las decisiones que tomemos hoy. Como dice una hermosa canción del grupo cristiano Mercy Me: “sería una locura escoger este mundo en vez de la eternidad”.

Escoge lo correcto. Pídele a Dios que se revele a tu vida, que quieres conocerle, y emprende con diligencia, buen ánimo e interés, el estudio y la búsqueda de él y todo lo que él es. Tus resultado no se harán esperar y tus bendiciones te van a alcanzar.

En Cristo,
Gadiel

Saturday, February 9, 2008

Conociendo a Dios – Parte 4

¿Cómo son aquellos que conocen a Dios? Ya vimos que son aquellos que (1) muestran pasión por las cosas de Dios, (2) piensan grandes cosas acerca de su Dios, y (3) son valientes y decididos por Dios. Aquellos que conocen a Dios también:

Viven en contentamiento con Dios – La mayor preocupación de los hombres es su presente y futuro. Tener problemas y situaciones difíciles hoy, y no saber lo que va a pasar mañana, nos pone ansiosos más que alguna otra cosa. Nos gusta tener control de nuestro destino, y cuando las circunstancias que nos rodean cambian el rumbo que habíamos trazado para nuestra vida, nos deprimimos y frustramos terriblemente. Sin embargo, los que conocen a Dios en verdad, han obtenido unos beneficios que les permiten vivir una vida en paz y despreocupación por el presente y el futuro. ¿Cómo ocurre esto? Los que han conocido a Dios:

  • Tienen paz con Dios – El hombre fue creado con una conciencia de lo bueno y lo malo y de la existencia de un Creador. Por causa de estar alejados de Dios, el hombre busca la manera de acallar su conciencia, negando la existencia del Creador y su soberanía sobre la vida de la humanidad. Las filosofias humanas buscan quitarnos la ansiedad de saber que no estamos en buenos términos con nuestro Creador. Los que conocen a Dios han sido reconciliados con él y ya no huyen más de su presencia.

“Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo… El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”
Romanos 5:1, 8:16

  • Tienen el cuido providencial de Dios – No importa que asunto se presente en la vida, sabemos por la Palabra de Dios que no somos presas del “destino” ni del azar. Cuando una costurera está comenzando el proceso de coser un hermoso traje, primero corta piezas de tela que de momento no parecen tener sentido ni belleza. El diseño final del vestido está en su mente, y poco a poco va haciéndose aparente mientras sigue cortando, midiendo y juntando cada pieza. Asimismo, nuestra vida, con todo lo que ella trae, es la obra maestra de un Dios soberano que va hilvanando (tejiendo) un hermoso tapiz que, desde la eternidad, es una obra maestra ya completada, pero que en nuestra limitada visión actual no hace mucho sentido. Sin embargo, hemos aprendido por la Palabra a confiar en aquél que es todo sabio y poderoso, y que siempre nos va a llevar a bien.

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”
Romanos 8:28

  • Tienen seguridad eterna de parte de Dios – La ignorancia de lo que va a pasar cuando dejemos de existir en esta tierra, mantiene a los hombres en un profundo temor diario. La gente se aferra a la vida porque no tienen idea de destino alguno luego de que sus ojos se cierren para siempre. Sin embargo los que conocen a Dios, los que han recibido la verdad de Jesucristo en sus corazones y ahora viven para él, no tienen temor a la eternidad. Estos ya saben que hoy, ahora, y para siempre, sus asuntos con Dios están resueltos por causa del sacrificio de Jesucristo en la cruz del Calvario. Ya fueron comprados y están escondidos en las manos del Padre y en Cristo la Roca Eterna, y ya nada ni nadie los puede apartar de ese amor inmerecido.

“Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu… Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”
Romanos 8:1, 38-39

Acércate a Dios de todo corazón, pídele que se revele a tu vida tal cual él es, recíbelo sin condiciones, y él llenará tu existencia de paz, gozo, descanso, confianza y seguridad no importando lo que esté pasando a tu alrededor.

En Cristo,
Gadiel

Saturday, February 2, 2008

Conociendo a Dios – Parte 3

¿Cómo son aquellos que conocen a Dios? La semana pasada vimos dos características de aquellos que conocen íntimamente a aquél a quien sirven: (1) son enérgicos (pasionarios) en cuanto a los asuntos de Dios, y (2) piensan grandes cosas acerca de Dios. En otras palabras, están más interesados en las cosas de Dios que en las de ellos mismos, y admiran a Dios por lo que él es, más que a ningún otro ser en el universo. ¿Qué más podemos decir?

  • Los que conocen a Dios son valientes y decididos por Dios – Estos no siguen a la mayoría sino al principio bíblico. Sus decisiones no están basadas en lo que más les conviene sino lo que es mejor para la causa de Cristo, aunque les cueste. Esto ocurrió con los amigos de Daniel (Sadrac, Mesac y Abed-Nego) cuando estaban frente al ídolo de oro de Nabucodonosor. También les pasó a Pedro y a Juan cuando Dios los comenzó a usar con milagros y prodigios en Jerusalén. Los sacerdotes los echaron en la cárcel por celos y Dios los sacó a través de un ángel y los envió a predicar nuevamente. Ellos sabían que estaban desobedeciendo a las autoridades y les iba a costar su libertad y su bienestar. Pero, ¿cuál fue su respuesta?:

“Es necesario obedecer a Dios ante que a los hombres.”
Hechos 5:29

El apóstol Pablo lo dijo de otra manera, cuando se dirigía hacia Jerusalén, seguramente a perder su libertad y su vida:

“Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús”
Hechos 20:24

¿Es acaso malo tener sueños y anhelos? ¿No es lógico y natural querer preservar nuestra vida? Y entonces, ¿qué movía a esta gente tan fuertemente como para tener en poco aún su propia vida? Es importante que entendamos que vivimos en un tiempo decididamente individualista. La vida moderna consta casi por completo de una búsqueda por el bienestar y placer individual. Como dice el refrán popular: “Yo primero, yo segundo, yo tercero, y si sobra algo, también es para mí”. Por eso, ser un verdadero cristiano es algo totalmente radical. Es un modo de vida diferente al de la gente común. Conocer a Dios cambia nuestras prioridades, nos hace ver otra perspectiva de lo que realmente es valioso en la vida. Y luego que esto llena nuestra mente y voluntad, ya no nos importa la pérdida de cosas terrenales, sino que tomamos nuestras decisiones para el beneficio y avance del reino de los cielos.

En Cristo,
Gadiel

Saturday, January 26, 2008

Conociendo a Dios – Parte 2

¿Cómo son aquellos que conocen a Dios? ¿Cómo los podemos identificar? ¿Cómo saber si somos de los que pertenecemos a ese grupo? La Palabra nos da una idea de este tipo de persona. Los que conocen a Dios:

  • Son enérgicos en cuanto a los asuntos de Dios – Los que conocen a Dios se preocupan y se duelen por la condición de la obra de Dios. Cuando en la Iglesia se infiltra la inmoralidad (adulterio, fornicación, pillaje, mentiras, abuso, etc.) o cuando doctrinas de error y tergiversación de la verdad son predicadas desde los altares, aquellos que conocen a Dios se levantan con vigor y determinación para defender la verdad y el honor de Dios. Hay tiempos de apostasía (y tenga por seguro que estamos viviendo en uno de ellos) en que los creyentes tratan el pecado en sus vidas livianamente, como si Dios no fuera a juzgar el asunto. Asimismo algunos que predican y pastorean la iglesia se atreven a utilizar sus posiciones para enseñar un evangelio cojo, hueco, adulterado, que promete cosas a la gente para atraerlos y vaciarles los bolsillos, pero que no están garantizadas por la Palabra de Dios. Es importante que entendamos que el conocimiento de Dios es un refugio en estos tiempos, pero los que son superficiales en su fe serán presas del engaño. Daniel lo vio de esa manera:

“Con lisonjas seducirán a los violadores del pacto; mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará.”

Daniel 11:32

  • Piensan grandes cosas acerca de Dios – Podemos saber cuanto admiramos a una persona por lo que pensamos y decimos de ella. Esto es especialmente cierto cuando hablamos de nuestro deportista o artista favorito. Si creemos que tal o cual persona tiene un talento excepcional en su campo, somos los primeros que hablamos del asunto en cada foro, dando detalles de las ejecuciones, competencias, conciertos, etc. que nuestro ídolo ha realizado, y por lo cual lo consideramos (y queremos que los demás también así lo hagan) el mejor de los mejores. La pregunta clave es: ¿Qué piensas tú de Dios? Cuando estás solo, cuando no tienes la ventaja de esconderte entre un animado grupo de creyentes cantando coros en la iglesia, cuando no tienes al pastor para que conteste las preguntas bíblicas que tu ya deberías saber (Hebreos 5:11-14), cuando estás solo en tu cuarto sin que nadie te vea (excepto Dios), ¿qué tienes que decir de él? ¿Acaso salen palabras de tu boca para expresar algo bueno acerca de Dios o está tu vocabulario vacío cuando de cosas espirituales se trata? ¿Qué experiencia íntima, personal, única, has tenido con Dios que te permite dar testimonio de él con tu adoración personal? ¿Cuán grande es Dios para ti? ¿Es tu Dios bueno meramente para resolverte todos tus problemas y concederte todos tus deseos? ¿O es tu Dios tan grande y poderoso que te lleva a poner tu cabeza en el suelo delante de su presencia y adorarle por lo que él es, aún cuando no te conceda lo que tú quieres?

Continuaremos la semana próxima…

En Cristo,

Gadiel

Saturday, January 19, 2008

Conociendo a Dios – Parte 1

El apóstol Pablo hizo una declaración algo extraña en su carta a la iglesia de Filipos:

“… teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor”
(Filipenses 1:23)

¿Quería decir Pablo que deseaba la muerte más que la vida? Eso es lo que dice el texto bíblico. ¿Por qué? Pablo deseaba la muerte física porque ese era el camino para “estar con Cristo”. Cristo era su satisfacción, lo que más placer le daba, mucho más que cualquier cosa de esta tierra. Llegó a decir que todo lo que había ganado en la vida (prestigio, conocimiento y posesiones) habían venido a ser “basura” para él cuando lo comparaba con conocer a Cristo.

¿Es ésta nuestra experiencia? ¿Estamos enamorados de Dios? ¿Tenemos pasión por conocerlo a él? ¿Nos interesan más sus asuntos que los nuestros? ¿Nos acostamos y despertamos pensando en sus cosas, buscando la manera de servirle y avanzar su reino en la tierra? La ausencia de pasión por Dios y sus cosas son lo que definen una vida espiritual mediocre. La Biblia llama a esto tibieza, un cristiano que está desinteresado y aburrido con los asuntos de Dios, y que está sumergido en los asuntos de su propia vida (ganar más dinero, tener más cosas, ser más importante, tener alguna posición, gustar de más placeres, etc.). Decimos que Dios es grande, pero en realidad a nuestra vista es tan pequeño que lo confinamos al altar de algún templo. Decimos que Dios está en todas partes, pero para nosotros está muy lejos y desinteresado de una relación personal. Lo “visitamos” algunos domingos al mes, como cuando vamos a ver a algún tío lejano que solo conocemos por referencia.

Un resultado de esto es un mal testimonio a los hombres de lo que representa servir a Dios. Pero lo más doloroso de todo es lo que perdemos nosotros mismos: la experiencia del Dios que puede satisfacer la verdadera necesidad de nuestro ser. Vivimos nuestra vida hueca y vacía, sin sentido ni propósito. Entonces, ¿por qué es necesario conocer a Dios? Al menos tres beneficio vamos a recibir:
  • Nos ubica en la perspectiva correcta – Aprendemos que la vida cristiana no se trata acerca de mí sino acerca de Dios. Nos llenamos de humildad cuando conocemos de su grandeza y supremacía (¡él es el grande, no yo!). Quita de nosotros la ignorancia espiritual.
  • Nos enseña a vivir correctamente – El universo fue creado por Dios bajo sus reglas. Como ha dicho J.I.Packer: “vivir en el universo sin conocer las reglas del Creador es un suicidio”. Los hombres viven en permanente desesperanza y pierden sus vidas porque se conducen de manera equivocada en esta tierra. Conocer a Dios nos da la clave para una vida de verdadera satisfacción.
  • Nos apasionamos por la santidad – Cuando amamos y conocemos a Dios ya no queremos hacer cosas que lo entristezcan. Día a día vivimos con extremo cuidado porque no queremos perder la comunión que hemos ganado con él. Su amistad y presencia viene a ser lo más importante para nosotros.

La meta mas alta del verdadero creyente es conocer a Dios para acercarse a él cada día más. Enfrascarnos en buscar conocer quién es él, qué quiere de nosotros, qué le agrada y qué le desagrada, va a proveer sentido a nuestra vida cristiana. Acompáñame en este viaje que hoy emprendemos para crecer en nuestra relación con él.

En Cristo,
Gadiel

Saturday, January 12, 2008

Prioridades para el 2008

¡Felicidades en este nuevo año 2008! Es muy placentero volver a compartir contigo alguna palabra de aliento y dirección cada semana. Oro al Señor para que él te guíe, dirija, y bendiga en este nuevo año de tal manera que todo lo que emprendas y todo lo que logres sea para Su gloria.

Me imagino que en el cierre del 2007 sacaste un rato para pensar todo lo que pasó en tu vida durante el año que terminó, qué cosas tienen que continuar igual y cuáles tienen que cambiar. Posiblemente escribiste un listado de resoluciones para cumplir en este nuevo tiempo que Dios te regala. No importa cuales son tus nuevas metas (bajar de peso, conseguir un novio, saldar algunas deudas, tener un hijo, comprar una casa, comenzar un negocio) quiero regalarte tres resoluciones que necesitas mover al tope de tu lista:

  • Necesito volverme a Dios – Tu primera meta, tu primer deseo debe ser conocer a Dios tal cual él es. A Dios hay que desearlo con una pasión infinitamente mayor que la que nos invade cuando estamos enamorados por primera vez. Que desees conocer cómo es él, qué le agrada, qué le desagrada, qué espera de ti. Entonces, tu vida tiene que cambiar de rumbo para asegurarte que no caminas de espalda a Dios, que no te alejas de aquél que se merece toda tu adoración.

“Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás paz; y por ello te vendrá bien.”

Job 22:21

  • Necesito servir a Dios - Asegúrate que lo que emprendes este año, que las cosas que construyes, tengan resultados eternos. Sin menospreciar tus metas y sueños, imagínate delante del trono de Dios en el día final, ¿qué le vas a decir?: “Señor tengo una casa grandísima en la tierra ¿quieres venir?”, “Señor, tengo cuatro doctorados, ¿tienes alguna plaza vacante en el cielo?”, “Señor, soy un experto en Play Station, ¿quieres unas clases?”. Será mucho mejor si en el recuento de tu existencia en la tierra, Dios pueda atribuirte el vaso de agua que le diste a un pequeño, la ofrenda de amor que llevaste a un necesitado, las horas de oración que invertiste por la iglesia, los días que perdiste en el hospital dando consuelo al enfermo, el soporte financiero que diste a los misioneros en el exterior. La Biblia dice que todo eso “se lo hemos hecho a él”. ¿Qué tal si comienzas a “gastarte” para el reino?

“Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; Y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto”

Proverbios 3:9-10

  • Necesito confiar en Dios – No es un secreto que los asuntos mundiales van de mal en peor. La economía, la política, la sociedad en general tiene problemas serios y profundos que no parecen tener solución. La inmoralidad, la injusticia, el terror, las guerras, la debacle financiera que parece avecinarse para todo el mundo nos dejan un panorama sombrío para el futuro inmediato. ¿Qué debemos hacer? La palabra nos manda a confiar en un Dios soberano, que tiene el control de la historia y los tiempos y que va a llevar todo este asunto al cumplimiento de su voluntad final. Así que, si y solo si los primeros dos puntos que hemos hablado se están haciendo una realidad en tu vida, entonces puedes estar seguro acerca de la bondad de Dios para contigo. La palabra es confía, confia, confía, porque él tiene cuidado de ti.

“Hijo mío, no se aparten estas cosas de tus ojos, guarda la ley y el consejo, y serán vida a tu alma, y gracia a tu cuello. Entonces andarás por tu camino confiadamente, y tu pie no tropezará. Porque Jehová será tu confianza, y él preservará tu pie de quedar preso”

Proverbios 3:21-22, 26

En Cristo,

Gadiel