Saturday, December 15, 2007

¡Felicidades!

Al concluir este año 2007 es mi oración que pases una feliz Navidad en el Señor y que el nuevo año traiga para ti y los tuyos muchas bendiciones de su parte. Sabemos que este ha sido un año difícil y complicado, que las noticias que recibimos cada día son nada agradables, que los niveles de estrés están altísimos, y que todo parece confabularse para deprimirnos y desanimarnos. Recuerda que el Señor claramente nos dejó dicho en su Palabra:

“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”
Juan 16:33

La aflicción que estás pasando, y los vientos difíciles que parecen avecinarse sobre la tierra, ya están predichos en la Palabra de Dios. Ya el Señor sabe lo que va a pasar puesto que él tiene todo el destino de este mundo en su completo control. Nuestra esperanza y paz está en Cristo, el que ya venció, y ha prometido hacer realidad esa victoria para cada uno de los que hemos puesto nuestra confianza en él.

Puede que la solución que Dios provea a tu necesidad particular no venga como la has estado esperando, pero es importante entender que Dios es quien maneja tus circunstancias y sabe lo que es mejor para ti. De tu parte asegúrate de dejar todas tus necesidades en Sus manos y dedícate a las cosas del reino de los cielos. Conviértete en un cristiano de oración, de intercesión por otros, por tu pueblo, por tu país y por los asuntos de la Iglesia de Cristo. Estudia la Palabra de Dios con intensidad y devoción, reconociendo que ahí vas a encontrar una sabiduría que no existe en otro lugar de la tierra. Busca un lugar en donde puedas confraternizar regularmente con otros creyentes en la fe, un lugar que predique la verdadera Palabra de Dios y se sirva a los demás. Asegúrate cambiar tu estilo de vida por uno que agrade a Dios y sobre todas las cosas sigue la demanda de la Palabra: confía, confía, confía!

“Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sea contigo y los tuyos. Amén”
2da Corintios 13:14 (parafraseado)

En Cristo,
Gadiel

P.D. Nos vamos a tomar un receso hasta pasadas las festividades en Puerto Rico (¡como somos “fiesteros” esto durará hasta mediados de enero!). En el nuevo año esperamos que el Señor nos conceda una nueva oportunidad para compartir contigo Su Palabra y juntos recibir de él todas sus bendiciones.

Friday, December 7, 2007

El cristiano y el sufrimiento (Parte 3)

La semana pasada vimos el testimonio de Pablo acerca de sus luchas y aflicciones por causa del evangelio de Jesucristo. Pablo había dejado atrás los beneficios y placeres que le ofrecía su vida en la tierra, con la mira puesta en ganar lo que es más importante: la vida eterna junto a Cristo:

“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo”
Filipenses 3:7

Es por esto mismo que el Señor Jesús dijo:

“Y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará”
Marcos 8:35

“Perder la vida” significa no lograr, recibir ni alcanzar las cosas que, a los ojos de este mundo y su sistema de valores, son mas importantes. Es estar dispuestos a que Dios cambie el destino de tu caminar, que tronche alguna gran meta que está en tu corazón, que no cumpla tus anhelados sueños, todo por causa de seguirle a él, su ley, sus mandamientos y su llamado para ti. Sin embargo, lamentablemente hoy estamos predicando un tipo de evangelio no-bíblico que nos dice que Dios nos ama tanto que va cumplir todos nuestros anhelos, que nos va a dar todo lo que deseamos, que le va a quitar las cosas a los impíos para dárnoslas a nosotros, para que vivamos al estándar de ellos. Primero, que el estándar del mundo es “basura” según la Palabra, cosa que Dios no nos va a conceder:

“Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo”
Filipenses 3:8

Segundo, que no hay padre terrenal sabio y cuerdo (¡y Dios es mejor que cualquier padre terrenal!) que le dé a sus hijos todo lo que ellos quieren; eso es instigarle codicia, avaricia y prepotencia de niños malcriados. Dios no es un Padre mimador, sino uno que corrige y reprende, porque nos quiere elevar de nuestra presente condición caída a su estándar de santidad y pureza, todo para su gloria:

“No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, ni te fatigues por su corrección. Porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere”
Proverbios 3:11-12

Hoy, más que nunca, necesitamos recalibrar nuestro pensamiento de acuerdo a lo que nos enseña la Palabra de Dios. Como cristianos, ciudadanos del reino de los cielos, reyes y sacerdotes, no medimos nuestro éxito de la misma manera que lo mide el mundo. Nuestra vida en Cristo contiene una porción de sufrimiento, que valida que estamos “nadando en contra de la corriente” de este mundo, y que a su vez nos hace depender enteramente del Dios que es nuestro sustento. Y obtendremos de parte del Señor, más y mejores promesas, placeres sin fin, bendiciones a granel, aquel día que partamos de esta tierra o el Señor nos venga a buscar. Mientras tanto, la promesa para el día presente es:

“Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla, más volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas”
Salmos 126:6

En Cristo,
Gadiel

Saturday, December 1, 2007

El cristiano y el sufrimiento (Parte 2)

Nos preguntamos la semana pasada: ¿Es el sufrimiento en el creyente algo que puede ocurrir? ¿Es algo aceptable? Más aún, ¿es bueno? ¿Deseable? La Palabra de Dios tiene una respuesta a este asunto que muchos encontrarán algo extraña en esta época de la predicación de la prosperidad (lo que resumo a continuación lo puedes estudiar con mayor detalle en el libro “Sed de Dios” de John Piper):

“Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe… Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los mas dignos de conmiseración (lástima) de todos los hombres”
1ra Corintios 15:14, 19

En esta carta Pablo está atendiendo un problema doctrinal en la iglesia de Corintios. Se había infiltrado una herejía que negaba la resurrección de los muertos. El equivalente moderno a esa herejía es el materialismo ateo, que dice que no hay una vida mejor en el futuro, y por eso tenemos que gozar lo que esta vida presente nos ofrece (salud, dinero, lujos, placeres, éxito, posiciones, poder, etc.) porque luego no habrá mas. Por el contrario, la sana doctrina bíblica nos muestra que la genuina esperanza del cristiano es la vida eterna con Cristo. Ésta es la promesa de un mejor tiempo del que estamos pasando en la tierra hoy y ahora. Somos peregrinos en este lugar, lo que nos dice que no pertenecemos a este mundo con todo lo que nos ofrece. En el texto que citamos arriba, Pablo está diciendo: “Si todo lo que hay para nosotros es esta vida presente, entonces ¡hemos estado perdiendo el tiempo con esto de la predicación del evangelio, porque es una gran mentira, y somos los mas dignos de pena!” ¿Por qué Pablo dice esto? La respuesta a esta pregunta nos arroja luz sobre el tipo de vida que Pablo estaba viviendo por causa del evangelio:

“¿Y por qué peligramos a toda hora? Os aseguro (¡protesto!)…que cada día muero… Si como hombre batallé en Efeso contra fieras, ¿de que me aprovecha? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos que mañana moriremos.”
1ra Corintios 15:14, 19

Pablo nos dice que su vida en Cristo se había convertido en una difícil, peligrosa, sufrida, mortal, y si no había recompensa en el mas allá, lo lógico sería olvidar todo el asunto y vivir la vida mas tranquila, cómoda y próspera que pudiera lograr. La vida normal del ministro de Dios (y todos somos ministros en la casa de Dios) es una de luchas, traspiés, enredos, problemas, resistencias, demandas y exigencias, todo por causa del avance del reino de Dios en nuestro lugar y época. Por eso es que en nuestra experiencia, cada vez que nos dedicamos genuinamente a los asuntos de Dios, comenzamos a enfrentar situaciones difíciles y problemas que intentan persuadirnos a “dejarlo todo” y huir. Por lo tanto, si entendemos que el sufrimiento es parte común de la vida de aquél que decide “enredarse” con el evangelio de Cristo, estaremos más preparados para enfrentar estos retos agarrándonos fuertemente de nuestro Padre celestial, quien es soberano y tiene todo bajo su control.

En Cristo,
Gadiel

Saturday, November 24, 2007

El cristiano y el sufrimiento (Parte 1)

De mis tiempos de niño conservo una vívida impresión de lo que la mayoría de los creyentes entendían acerca de la vida en Cristo: algo así como entrar en una condena a cadena perpetua, en un profundo calabozo de desesperanza. La vida del cristiano se resumía en una letanía de quejas, fracasos y tristezas por lo que no habíamos obtenido de la vida. Esto me permitía entender la cara de “no buenos amigos” que llevaban los hermanos a todas partes. El hermano más espiritual era entonces, el mas “cara larga”, serio, sufrido y antipático de la congregación. ¡Cómo han cambiado las circunstancias! Hoy, ser un cristiano “espiritual” se mide por lo que hemos obtenido en la vida. Mientras más éxito, dinero, y bienes materiales tengamos, más probamos que somos parte de la elite “ungida” que ha encontrado la “última revelación” de los principios espirituales para obtener “la buena vida en Cristo”.

El problema radica en que ambas visiones de la vida cristiana están equivocadas porque utilizan la vara del mundo para medir la felicidad. Estas cosas (salud, dinero, placer, larga vida y paz) no son malas en sí mismas. La Biblia ciertamente nos exhorta y da consejos para adquirirlas y vivir en ellas sosegadamente (Santiago 5:14-15, 1 Timoteo 6:17-19, Nehemías 8:10, Salmos 34:11-14, Romanos 12:18). Sin embargo, la vida espiritual que nos demanda la Palabra no se define ni depende de lo que alcancemos en la tierra. Los creyentes tenemos puesta la mirada en otras cosas, somos peregrinos de esta tierra, y lo que poseemos (o no poseemos) es solo parte de las circunstancias que nos han tocado vivir por la gracia de Dios. De hecho, nuestra responsabilidad es ser mayordomos fieles de lo que se nos ha dado (¡bueno o malo!), en el lugar y el tiempo donde nos lo han dado, todo para su gloria. Cuando entendemos este principio seremos como el niño que tenía cinco panes y dos peces en medio de una multitud hambrienta: lo que está en nuestra mano, entregado a Cristo para que lo bendiga y multiplique, será de beneficio a muchos (Juan 6:1-15). Pero también podemos ser como el ciego desde la niñez, que no quedo en esa condición “por su pecado o el de sus padres”, sino para que Dios se glorificara en él (Juan 9:1-3). En ambos casos, abundancia o escasez, nuestra circunstancia es utilizada por Dios para mostrar su poder y avanzar su reino.

Para comprender éste y cualquier otro asunto de vida cristiana, siempre tenemos que hacernos una pregunta clave: ¿Qué dice la Biblia acerca de esto? Y en el caso que estudiamos hoy, ¿es el sufrimiento en el creyente algo que puede ocurrir? ¿Es algo aceptable? Más aún, ¿es bueno? (esta pregunta es algo casi inconcebible en nuestro evangelio moderno de prosperidad). Durante estas próximas semanas estaremos hablando de cómo el sufrimiento no solamente es parte normal de la vida cristiana, sino que también es ordenado por Dios para nuestro beneficio y bendición, y cómo él lo utiliza para su gloria. La idea es que juntos podamos llegar al entendimiento que tenía la iglesia primitiva y los apóstoles acerca del sufrimiento: es un gozo sufrir por la causa del reino de Dios (2da.Corintios 12:10).

En Cristo,
Gadiel

P.D. ¡Muchas felicidades en estas Navidades, es el deseo de nuestra iglesia Comunidad Cristiana de Adoración, para todos ustedes!

Saturday, November 17, 2007

Los guiados por Dios (Parte 6)

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios”
(Romanos 8:14)

Hoy sabemos con mayor certeza que la prueba de que somos miembros de la familia de Dios (una marca de nuestra adopción) es que tomamos decisiones y seguimos aquellos caminos que están dentro de la perfecta voluntad de Dios. Si nos llamamos cristianos, es necesario que nuestra vida siempre refleje que es guiada por la sabiduría celestial. Sin embargo, todos nosotros, en algún momento, le hemos fallado a Dios, hemos tomado decisiones erradas y necias que solo han traído pesar, tristeza y amargura a nuestra vida. ¿Significa esto que ya no somos hijos de Dios? ¡De ninguna manera! ¿Se ha perdido aquello que Dios tenía planificado para nosotros? Depende desde qué ángulo estemos mirando.

Desde el punto de vista humano, tanto Moisés como Abram perdieron un preciado tiempo por causa de sus malas decisiones y pasos equivocados. A Moisés le tomó 40 años salir del atolladero en el que se metió, y como si fuera poco, lo que se “perdió” en el desierto fue su etapa de mayor productividad. Solo piensa: sus estudios, su herencia, su posición de privilegio, la oportunidad política, ¡todo por la borda! Asimismo, lo único que Abram ganó fueron disputas y divisiones en su hogar, y 13 años de incertidumbre, sin saber hacia donde se dirigía y qué Dios pensaba del asunto de su hijo ilegítimo. ¡Que tristeza!

Ahora bien, no podemos perder de vista algo sumamente importante: nuestro Dios es nuestro Padre. La palabra establece que él nos ama de tal forma que quiere lo mejor para nosotros y para ello nos corrige:

“No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, ni te fatigues de su corrección. Porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere.”
(Prov.3:11-12)

¿Qué es lo mejor para nosotros? ¿Buenos autos, buena casa, una fortuna, salud, amor? Según la Palabra, lo mejor es poder decir como Pablo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas Cristo” (Gálatas2:20). ¿Qué significa estar “crucificado con Cristo”? Primeramente que Dios, a través de mis errores y fracasos, me enseña quién verdaderamente soy, mis defectos y mis debilidades. Entonces, a través de cada caída y retraso, él mata mi confianza en mí mismo, y me enseña a depender enteramente de su poder. Es en este tiempo que Dios toma cada vez más control de mi vida a través de su Espíritu. Es cuando mi ser natural va muriendo lentamente (esto es lo que significa “crucificado”) y mi ser espiritual se va levantando.

Moisés no perdió su vida, sino que la ganó. En el desierto murió a su vanagloria y se preparó para su ministerio. Abram aprendió a esperar en Dios y confiar en Su fidelidad. Ambos cumplieron sus ministerios a cabalidad, siendo nombrados por Dios como campeones de la fe (Hebreos 11:8-19, 24-29). Y nosotros hoy, no importando el desierto o el silencio que estemos pasando por causa de nuestras malas decisiones, tenemos que aprender a confiar en un Dios soberano que tiene todo bajo su control, que nos ama entrañablemente, que no va a permitir que nos echemos a perder, sino que va a terminar la obra que ya comenzó.

En Cristo,
Gadiel

Saturday, November 10, 2007

Los guiados por Dios (Parte 5)

La semana pasada aprendimos que hay al menos dos tipos de personas que no están dispuestas a esperar en Dios para que guíe sus caminos: (1) el vanaglorioso y (2) el incrédulo. El primero cree ser más de lo que realmente es y solo quiere escuchar el consejo de su propio corazón. Este es el caso del joven Moisés, el cual por poco pierde la vida por inmaduro e impetuoso (¡el desesperado!). Hoy vamos a conocer un poco del caso de Abram, el cual dejó de creer que Dios tenía el poder para cumplir sus promesas y tomó decisiones sin juicio que le pesaron por mucho tiempo.

En Génesis 15-17 vemos la historia de una promesa poco usual para un anciano. Abram estaba preocupado y triste porque no tenía un hijo a quien pasarle todas las bendiciones que Dios le había dado. En el capítulo 15 Dios le promete descendencia haciendo un pacto solemne con él. Dios, para mostrar su poder en nosotros, muchas veces nos anima a creer en lo imposible. Ante el ojo humano las cosas que Dios nos habla muchas veces no tienen sentido. Por eso el capítulo 16 comienza con el resumen de la imposibilidad en la vida de Abram: su mujer Sarai, era estéril, aparte de que ya ambos eran muy ancianos. Aún cuando Dios había prometido una descendencia inmensa, la realidad de la vida cotidiana, el afán diario de Abram le decía otra cosa. Cada mañana él y su esposa se despertaban al triste cuadro de una casa vacía, sin el sonido de hijos y nietos, sin una esperanza que hacía ya mucho tiempo los había dejado. Asimismo, nuestros problemas, las luchas que soportamos día a día, las pesadas cargas que no disminuyen, en ocasiones nos abruman tanto que gritamos desesperadamente por una solución. Fue así que, cuando Sarai le propuso a Abram un método alterno para tener descendencia, él debió haber pensado algo así como: “¿Por qué no? ¿Qué tal si es ésta la manera que Dios va a usar para darme un hijo?” El problema no estuvo en pensar que Dios podía usar medios comunes para darle descendencia a Abram. Cuando estamos mirando los asuntos difíciles de nuestra vida y queremos tomar acción al respecto, es sabio y responsable mirar todas las opciones, meditar en ellas, y luego ejecutar. El problema consiste en que luego de idear nuestro grandioso plan, no lo consultamos con Dios. ¿Acaso creía Abram que iba a darle una sorpresa a Dios? -“¡Mira Señor la ayudita que te he dado!”- En este caso, el plan de Abram consistía (¡nuevamente!) en utilizar sus herramientas humanas, sus posibilidades terrenales, para lograr propósitos celestiales. Debemos aprenderlo de una vez por todas: Dios cumple sus propósitos en sus términos, a su tiempo, a su manera, y para su gloria. Si hacemos las cosas a nuestra manera, el fin (aunque no lo queramos reconocer) es llevarnos nosotros la gloria y el reconocimiento en el asunto. Recordemos, ¡él no comparte su gloria con nadie!

Abram cosechó serios problemas por su falta de juicio. Él probó confiar más en sus ideas y fuerzas que en el consejo de Dios, al ejecutar sus decisiones sin consultar con el que le había hecho promesas. El resultado fue doloroso: una familia dividida y destruida. Pero Abram sufrió algo todavía peor. En Génesis 16:16 se nos dice: “Era Abram de 86 años, cuando Agar dio a luz a Ismael”. En el próximo versículo (17:1) se nos dice: “Era Abram de edad de 99 años cuando le apareció Jehová…” ¿Por qué esta secuencia de textos tan curiosa? Estos textos nos dicen que Abram sufrió el silencio de Dios ¡por 13 años! De todas las consecuencias que un hijo de Dios puede recibir en su vida, la más dura y difícil es ver el cielo cerrado sobre su cabeza. Cuando Dios por fin decidió volver a hablarle, ¿cuál fue la reprimenda? –“Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto”- Dios nos quiere recordar dos principios básicos:

  • Él es todopoderoso - Él es quien tiene todo el poder y autoridad para llevar a cabo lo que ha dicho. Desconfiar en su capacidad para obrar es pecado de incredulidad. A nosotros nos toca cada día buscar su voluntad en todo asunto, y esperar en él por los resultados (aunque esto tome más tiempo del que nos parezca prudente).
  • Nuestra función es “andar delante de él y ser perfectos” – Esto significa que debemos dar cada paso mirando, siguiendo, imitando y honrando a Dios. Los verdaderos creyentes no tenemos permiso para hacer lo que a nosotros nos parece más correcto. No somos nuestros, no nos pertenecemos, sino que “fuimos comprados”, y por lo tanto ya no podemos decidir por nosotros mismos. Esto no es opcional, es requisito del cristiano, y va en contra de nuestro orgullo humano. Y, como ya hemos aprendido, Dios no trabaja con las reglas de los hombres, sino con las reglas del reino.

Si reconocemos y aceptmos esto, la Palabra nos consuela con la siguiente hermosa y maravillosa expresión de la boca de Dios: “Y pondré mi pacto entre mí y ti, y te multiplicaré en gran manera”. Así que, nuestra fe y obediencia son esenciales para que su gloria se manifieste en nuestras vidas. ¡Que no ayude el Señor a nunca olvidar esta verdad!

En Cristo,
Gadiel

Saturday, November 3, 2007

Los guiados por Dios (Parte 4)

En las últimas semanas hemos aprendido que Dios tiene un plan delineado para nuestra vida, y que es nuestra responsabilidad descubrir ese plan y colaborar con Dios en la ejecución del mismo. Muchos logramos descubrir el propósito de Dios para nosotros, y nos llenamos de pasión y entusiasmo por ver realizado todo lo que Dios ha hablado para nuestras vidas. Sin embargo, es aquí donde algunos saboteamos el proceso, porque nos apresuramos y desesperamos cuando pasa el tiempo y no vemos progreso en la realización del sueño que Dios ha puesto en nuestros corazones. Nos parece que todo está retrasado y que estamos perdiendo el tiempo, la juventud y la vida, en un callejón sin salida. No recordamos que Dios, quién conoce todas las cosas y tiene el control de todos los asuntos, es a quién tenemos que acudir y en quién tenemos que confiar. Es entonces que, en nuestra intranquilidad, cometemos errores de juicio que, desde nuestro punto de vista, retardan el plan de Dios para nosotros. Los resultados los vemos en ministerios fallidos, matrimonios destruidos, relaciones dañadas, todo causado por una decisión apresurada, tomada sin el consejo y consentimiento de Dios. A esto la Palabra le llama no saber “esperar en Dios”, y es solo el síntoma de asuntos más profundos sin resolver en nuestro carácter: (1) la inmadurez e impetuosidad del vanaglorioso, o (2) la falta de fe y entera confianza en Dios del incrédulo. Hoy vamos a mirar un ejemplo bíblico del primer caso, y la semana entrante veremos un ejemplo para clarificar el segundo caso.

En Éxodo 2-4 y Hechos 7 vemos la historia de Moisés. En su niñez y juventud fue criado en las cortes de Faraón, aprendiendo la cultura, ciencias, artes de política y guerra de una de las civilizaciones mas avanzadas de su época. Pero Moisés tenía en su corazón el fuego del llamado de Dios para su vida, y todas las circunstancias de su caminar apuntaban a que Dios lo usaría para liberar a su pueblo de la esclavitud. ¡Que hermoso y excitante entender que Dios tiene algo con nosotros! ¡Somos grandes, importantes, capaces! ¡Dios nos ha escogido, lo que debe significar que somos gente especial! Este tipo de pensamiento proviene de la altivez de nuestro corazón, y eso era exactamente lo que tenía Moisés en su cabeza mientras mataba al egipcio. Le pareció un tremendo comienzo para su “ministeriazo” entre los israelitas: hacer alarde de su valentía y determinación, capacidad física y técnicas de lucha. Pero al siguiente día se dio plena cuenta de una realidad que lo dejó frío como un témpano de hielo, y que bien debemos aprender como un principio de vida cristiana: en la ejecución de asuntos relacionados con la eternidad es Dios quién define cuándo estamos listos, y muchas veces esto no cuadra con nuestra concepción terrenal del “más adecuado y capaz”. Aquellos que centran sus esperanzas en las cualidades humanas y talentos que han adquirido están destinados a un rudo despertar en el caminar de sus vidas. Cuando el profeta Samuel fue a ungir al nuevo rey de Israel, Dios lo envió a casa de Isaí (1ra Samuel 16). Allí Samuel vio excelentes prospectos, jóvenes de buena presencia, bien criados y listos para grandes empresas. Pero Dios le enseñó que el juicio de los hombres, los cuales valoramos el aspecto externo (lo que ven nuestros ojos), no sirve a sus propósitos eternos. Dios mira el interior, el corazón que se ha doblegado ante él, el espíritu pobre de un hombre que ha reconocido que es nada delante de aquél que todo lo llena. A éste Dios usa con poder para llevar a cabo su propósito.

Es por esto que Dios, en su misericordia, desató persecución sobre Moisés y lo envió a vivir al desierto. Pasó a Moisés de un lugar en donde gozaba de popularidad a un lugar de soledad, de cero influencias. Lo mantuvo en el mas crudo anonimato por cuarenta años (tipo de las temporadas de crecimiento y cambio), enseñándole paciencia en vez de impetuosidad (¿habrá algo excitante que hacer, alguna urgencia criando ovejas en el desierto?), quitándole su vanagloria con el mas simple de los trabajos (¡imagínense a Moisés pensando en cómo estaba desperdiciando sus años de estudio!). El desierto de Moisés, el tiempo de tristeza, de silencio de Dios, de aparente soledad, pérdida de juventud y oportunidades, fue la herramienta que Dios usó para matar al egipcio que había dentro de este varón. Así también, es sumamente importante que entendamos que a nosotros nos toca esperar y confiar en Dios, quién es el que sabe cuán preparados estamos para cumplir sus propósitos eternos. Dios nos pasa por tiempos de espera, de cambio, de aparente estancamiento, para “matar” la mentalidad carnal y mundana en nosotros, para que dejemos de pensar como el resto de los hombres, para que nos comportemos como gente del cielo. Es ahí, cuando él decida, que entonces entraremos en nuestro propósito. Mientras tanto, solo nos toca esperar y confiar.

En Cristo,
Gadiel

Saturday, October 27, 2007

Los guiados por Dios (Parte 3)

Hemos aprendido que Dios tiene un propósito para nosotros y que él tiene todo el poder y la intención de llevar a cabo su plan en nuestras vidas. Ahora bien, si eso es así, ¿tenemos alguna injerencia (alguna parte) en el proceso? Es sumamente importante que entendamos que Dios, en su gracia, ha designado al hombre para que sea parte activa en el desarrollo de la historia de la salvación. Los escogidos de Dios somos “colaboradores” en el proceso de avance del reino de los cielos sobre la tierra. Por consiguiente, conocer que Dios es todopoderoso y soberano sobre todas las cosas no significa inactividad o pasividad de mi parte. Aún cuando confiamos plenamente en el poder y sabiduría de Dios para llevar a cabo su plan, somos responsables de acoplar (juntar) esa confianza con acciones responsables de nuestra parte, en línea con la guía del Espíritu en nuestros corazones. Los siguientes pasos nos pueden ayudar en el proceso:
  • Debemos guardar los caminos de Dios en fidelidad (Salmos 119:1-8) – Esta es la base de todo el asunto. La Palabra nos explica qué cosas agradan y qué cosas desagradan a nuestro Dios (estos son “sus caminos”). No podemos esperar su bendición ni privilegio cuando vivimos vidas en pecado, que es simplemente desobediencia o rebeldía a alguno de sus estatutos. Es asombroso ver la cantidad de gente que se acerca a pedir un consejo o una oración por algún problema personal y que, al ser confrontados con alguna práctica pecaminosa que están llevando a cabo a sabiendas, dan media vuelta y se van. ¡No podemos desear los beneficios del Señor si no amamos los caminos del Señor!
  • Debemos asegurarnos de que entendemos plenamente cuál es la voluntad de Dios para nosotros –Tenemos que aprender a separar (el término bíblico es “discernir”), nuestros deseos, nuestros anhelos, lo que siente nuestro corazón y nuestras emociones, de lo que realmente Dios quiere para nosotros. Si somos de los que tomamos decisiones basados en los sentimientos del momento, siempre estaremos metiéndonos en problemas. Por eso es necesario pensar, repensar, buscar consejo, medir y sopesar lo que vamos a hacer antes de actuar. Esto lo hacemos a través de los pasos que discutimos la semana pasada (oración, meditación, estudio bíblico intenso, búsqueda de consejo, escuchar y juzgar la ministración de dones espirituales a nuestro favor).
  • Debemos identificar y utilizar los medios a través de los cuales Dios va a llevar a cabo su plan en nosotros – Dios siempre está en control y lleva a cabo su plan a través de su poder y providencia. Y para esto Dios obra sus milagros a través de nuestros medios comunes, las circunstancias de nuestra vida, lo que tenemos en nuestras manos. Recordemos al joven que tenía unos pocos panes y peces el día que Jesús estaba predicando en la falda de un monte (Marcos 6:30-44). El Señor tenía intenciones de darle de comer a todos los presentes (más de 5 mil personas). Ese era su propósito soberano, el deseo de Dios. ¿Qué hizo Jesús? Primero invitó a los discípulos a ser parte de la solución, los invitó a ser sus colaboradores (“Denle ustedes de comer”). Luego les mostró su insuficiencia para solucionar la crisis (“¿Qué vayamos y compremos pan nosotros?”). Hay ocasiones en que Dios nos mete en situaciones complicadas para que corramos a él en búsqueda de una solución. Es en esos momentos que él puede mostrarse poderoso y glorioso en nuestras vidas. Finalmente, Jesús accede a realizar un milagro poderoso utilizando cosas comunes. Les preguntó “¿Cuánta comida tienen?”, o sea, “¿Qué tienen en la mano?”. La acción que viene luego es hermosa: “Entonces tomó los panes y levantó los ojos al cielo y los bendijo”. Dios nos ha dotado con talentos, dones, recursos, bienes e inteligencia, todo para ser usado para su gloria. Dios espera que presentemos lo que tenemos con reverencia y expectación, para él bendecirlo y de manera milagrosa multiplicarlo. En aquella ocasión, la ración que sostendría a solo una persona fue suficiente para alimentar una multitud. Asimismo hoy Dios quiere trabajar contigo y tus circunstancias para llevar a muchos al conocimiento de su gloria.

No es tiempo de vivir centrados en nosotros mismo y nuestras necesidades, sino tiempo de pedirle a Dios que se mueva a través nuestro, que multiplique nuestro alcance, que nos lleve a hacer cosas que nunca imaginamos que podrían realizarse a través de nuestras manos. Si somos sabios y humildes, entendiendo que nada tenemos que no nos haya sido dado, y que lo que hacemos no es causa para darnos gloria a nosotros mismos (¡Por favor lean y marquen 1ra Corintios 4:7!), seremos canales de bendición poderosa y permanente para la iglesia y para el mundo que necesita conocer a un Dios todopoderoso y amoroso.

En Cristo,
Gadiel

P.D. #1 - Recién añadí una columna (al lado derecho) listando algunos libros que han sido de mucha bendición y crecimiento para mí. Muchos de ellos están disponibles en español en librerías cristianas o a través de Amazon.com. Hay mucha sabiduría de Dios en escritos cristianos realmente basados en la discusión de la Palabra de Dios. Los libros mencionados ahí (al menos los que ya he leído) y los autores que listo en mi “profile” son excelentes recursos para crecimiento. Si deseas algún consejo para comenzar tus lecturas individuales, escríbeme un email a pastorgadiel@gmail.com

P.D. #2 - Si quieres recibir alertas automáticos cada vez que le damos “update” al blog, puedes suscribirte completamente gratis al “feed” que encontrarás al final de la página. Se llama “Post: Atom” y es un servicio para alertar a los lectores, cada vez que el blog recibe nuevos postings. Así nunca perderás el contacto con este “site” y espero que sigas recibiendo bendición del mismo.

Saturday, October 20, 2007

Los guiados por Dios (Parte 2)

La semana pasada aprendimos que para conducir nuestra vida de acuerdo a la guía del Espíritu, lo primero que debemos hacer es conocer cuál es la voluntad de Dios para nosotros. No podemos emprender un camino si no sabemos cuál dirección tomar, si no conocemos hacia dónde nos dirigimos. Pero la pregunta que muchos nos hacemos en este paso es: ¿Realmente tiene Dios un plan conmigo? La Escritura nos enseña claramente que:

  • Fuimos formados por Dios, tal y como somos, ordenados a vida desde antes de nuestro nacimiento: “Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que luego fueron formadas, sin faltar ni una de ellas” (Salmos 139:13-17). Tú no eres un error, un problema ni un desperdicio. Le perteneces a Dios el cual tiene un camino para ti.
  • Si has conocido a Jesús como tu salvador personal, fuiste escogido y bendecido para que tu vida alabe la gloria de Dios a través de la santidad que él va a producir en ti: “Según nos escogió en él (Cristo) desde antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos y sin mancha delante de él” (Efesios 1:3-6).
  • Hay una camino nuevo por el cual debes andar, el cual fue preparado previamente por Dios para ti: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales preparó de antemano, para que anduviésemos por ellas” (Efesios 2:10). Hay un trabajo preasignado por Dios para ti, el cual debes cumplir para que su nombre sea conocido por muchos que están a tu alrededor.

Como puedes ver, existe un plan eterno para nosotros preparado desde antes de nuestro nacimiento. Este plan es para la gloria de Dios (no la nuestra) y es lo que llamamos su voluntad sobre nosotros. Ahora bien, nos preguntamos, ¿podrá Dios llevar a cabo su plan o habrá algo que lo interfiera? La Escritura nos enseña que nada ni nadie puede detener a Dios: “Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?” (Daniel 4:35). Así que, ¿cuál debe ser nuestra respuesta a esta realidad? Debemos buscar cuidadosamente cuál sea el propósito de Dios para nosotros. Esto se hace a través de:

  • Tiempos de oración personal y secreto, hablando con Dios y preguntándole acerca de su dirección para nuestra vida. En estos tiempos debemos separar espacio para el silencio y la meditación delante de Dios, pues él habla a nuestro Espíritu en la calma y la tranquilidad.
  • Estudio intenso y diligente de la Biblia, pues en ella está plasmada la voluntad de Dios para su iglesia, y las bases doctrinales, morales y éticas para la toma de decisiones saludables para nuestra vida.
  • Búsqueda de consejo espiritual sabio, en nuestros pastores y ancianos probados de la congregación local.
  • Permitir que Dios nos hable a través de la manifestación de dones espirituales de la iglesia local (palabra de ciencia y sabiduría, profecía personal). Si hemos hecho nuestra asignación y hemos estudiado la palabra de Dios con diligencia, entonces estamos listos para recibir este tipo de ministración, la cual necesita ser escuchada, estudiada, juzgada y aceptada o rechazada según el Espíritu de Dios nos dirija (a través de los tres pasos anteriores)

En Cristo,

Gadiel

Saturday, October 13, 2007

Los guiados por Dios (Parte 1)

Una marca esencial del verdadero creyente es que conduce su vida de acuerdo al consejo de Dios. La Palabra nos dice claramente: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Romanos 8:14). Cada paso, cada decisión, cada asunto que emprendemos debe tener el diseño y la aprobación del arquitecto de nuestras vidas, si es que somos cristianos. Ahora, ¿cuál es nuestra responsabilidad como creyente en Dios? Podemos resumirlos de la siguiente manera:
  • Buscar la voluntad de Dios para nuestra vida
  • Cumplir nuestra responsabilidad, nuestra parte en el proceso
  • No afanarnos ni precipitarnos
  • Esperar en Dios, dejar lo resultados en sus manos

Durante las próximas semanas estaremos explorando cada uno de estos pasos con mayor detenimiento. Ahora bien, es importante notar que todo comienza con Dios. Siempre tenemos que partir de la base sólida que representa su voluntad. No es lo que nosotros queremos sino lo que él quiere. Si en algo importante fallamos al momento de tomar decisiones en nuestras vidas, es en aceptar esta verdad. Hay en nuestra naturaleza de pecado una tendencia innata al orgullo, manifestado plenamente en nuestra negativa a que “otro” maneje nuestra vida. No en balde nos gusta tanto el dicho popular que dice: “Vive tu vida y no la mía”. Nos parece que estamos lo suficientemente “grandecitos” y maduros como para aceptar que no tenemos todas las respuestas, que no sabemos escoger el mejor camino, que no somos los dueños de nuestro destino. Por lo tanto, aún cuando Dios quiere guiar nuestro camino, hay varias maneras en que nosotros detenemos o “nublamos” la clara dirección de Dios para nuestras vidas:

  • No querer pensar ni pesar las consecuencias futuras de nuestros actos (Deum.32:29) – Este es el “superespiritual” que no quiere utilizar la herramienta mas obvia que nos regaló Dios para tomar decisiones sabias en nuestra vida: la mente. El consejo de Dios, escrito en su Palabra, es suficiente para traer a nuestras vidas madurez espiritual y emocional. No usar el cerebro, y querer que todo consejo llegue de manera milagrosa (visiones, profecías, etc.) es sencillamente un síntoma de pura vagancia espiritual. ¿Para qué va Dios a querer cambiar nuestra mente si luego no la vamos a usar?
  • No querer escuchar consejo (Prov.12:15) – Para aceptar el consejo de alguna persona, necesitamos primero reconocer que esa persona tiene alguna experiencia o conocimiento mayor al nuestro, y eso atenta contra el alto concepto que tenemos de nosotros mismos. La realidad es que el no querer escuchar a la gente que Dios ha puesto en la iglesia para bendecirnos va en detrimento de nuestra salud espiritual.
  • No sospechar de uno mismo (Salmos 139:23-24) – Esta es la consecuencia lógica de la falta de humildad que acabamos de mencionar. Si “yo me las sé todas” entonces siempre debo estar correcto en todas mis decisiones. Fallar en autocriticarme y en pedirle a Dios que revele a mi vida aquello que no anda bien en mi, tendrá efectos perjudiciales en mi caminar.
  • No sospechar del carisma de otros (1 Tes. 5:21) – Escuché a alguien decir que el don espiritual que mas falta hace hoy en día es el discernimiento. Ya nadie quiere juzgar lo que otros dicen, tal y como la Palabra nos demanda que hagamos, porque hemos sido mal enseñados a no ir en contra del “ungido” de Dios. Se nos olvida que hoy, en esta época neotestamentaria, todos estamos ungidos de parte de Dios a través de las arras del Espíritu. Entregarle las decisiones de nuestra vida a otra persona sin ninguna restricción es una negligencia espiritual seria, que viene como consecuencia de nuestra vagancia espiritual y nuestro pobre entendimiento de la condición humana que todavía cargan aquellos que están en alguna posición de liderazgo en la iglesia. Este asunto, más que los demás, abre de par en par una puerta al engaño y la manipulación espiritual, porque como iglesia, y de manera equivocada, hemos concentrado demasiado poder en personas falibles.
  • No querer esperar (Salmos 40:1-3) – Para el desesperado, el impaciente, el que vive como las olas del mar que van y vienen, estar quieto y esperar es un castigo. Sin embargo, la prueba final e irrefutable de que realmente creemos lo que decimos (que confiamos en Dios), es que estamos tranquilos y en expectativa de que Dios tiene todo bajo su control y que a nosotros solo nos resta confiar en él y su sabiduría.

La semana entrante continuamos con este importante tema para nuestras vidas. Hasta entonces,

En Cristo,
Gadiel

P.D. No olviden “postear” sus comentarios y sugerencias en el blog.

Saturday, October 6, 2007

La razón de la tribulación (Parte 3)

La semana pasada vimos en el libro de Job, nuestras respuestas típicas al enfrentarnos a la prueba, la crisis o el desaliento. Job pasó por todas estas etapas, siempre cuestionando el porqué de su situación. Ahora bien, ¿qué dijo Dios al respecto? Es importante que entendamos este principio básico de vida espiritual: cada vez que te enfrentes a algo (no solamente a tribulación, sino también a la duda, a decisiones por tomar, a contradicciones y retos a tus creencias) es importante conocer lo que Dios piensa al respecto. En este tiempo el pensamiento de Dios está escrito en su Santa Palabra, y es nuestra responsabilidad conocerla con certeza y profundidad para poder responder apropiadamente a cada reto de nuestra vida cristiana. En el caso de Job, Dios mismo se mostró a todos los presentes de manera extraordinaria. ¿Qué les respondió Dios? ¿Qué nos dice hoy en nuestro tiempo de crisis?:
  • Corrige nuestra posición con respecto a él (Job 38:2-3) - ¿Estamos nosotros a su nivel como para cuestionarle sus obras? ¿Podemos confrontarlo de “tú a tú”? Dios le dice a Job: “¿quién es este que nubla su pensamiento con palabras sin sentido?” Si en algo fallamos en el día de crisis es en nuestra confianza en Dios y su sabiduría. Nos parece que Dios no está tomando las mejores decisiones, o que se le ha escapado algún detalle importante con respecto a nosotros. Básicamente cuestionamos si Dios es lo suficientemente competente como para atender nuestro caso. Se nos olvida que todo este asunto del cristianismo tiene que ver con él y no con nosotros. Él es el centro de todo el asunto (no nosotros), y lo que él prefiera hacer en nuestra vida tiene detrás un plan perfecto y completo que al final va a ser para su gloria y nuestro bien.
  • Recalibra nuestra visión de su grandeza (Job 38, 39, 40) – Para que nos ubiquemos en la posición correcta, Dios en su misericordia, nos recuerda de lo que él es capaz, obras que nosotros jamás podremos realizar. A Job y sus amigos Dios les mostró su infinita sabiduría y poder en todo lo creado: “¿Dónde estabas tú cuando formé la tierra? ¿Le dices tú a la mañana cuando salir? ¿Llamas tú a las nubes para que traigan lluvia? ¿Le traes comida a los leoncillos? ¿Te sirve al búfalo a ti?” Hoy su Espíritu, en momentos especiales, nos llena de su presencia y nos muestra la grandeza infinita de nuestro Dios. Esto para que cerremos nuestra boca y nos postremos con el rostro en el suelo delante de aquel que todo lo sabe, todo lo puede, todo lo tiene en su control. Esta es la clave, el secreto, el beneficio que obtenemos de alabar a Dios en medio de nuestra necesidad. Es cuando adoramos a aquél que ha permitido nuestro dolor, que más él se muestra como nuestro poderoso sustentador. Y eso es todo lo que necesitamos.

Es interesante notar que Dios nunca le explica a Job la razón por la cual lo metió en tribulación. ¿No es esto insólito? ¿Acaso no merecemos un poco de respeto? Aquí es que nuestras ideas humanas chocan de frente con el pensamiento de Dios. Él no le explico a Job la razón de su tribulación y tampoco tenía que hacerlo. Dios no tiene que darme explicaciones de sus acciones, Dios no tiene que probarme que es sabio y justo. Él es todo eso y mucho más, lo crea yo o no. Lo que sí él quiere es que yo aprenda a confiar y depender de él sencillamente por lo que él es: infinito, todopoderoso y soberano Dios, lo máximo, y lo mejor que me ha podido pasar. A él sea la gloria y el imperio por siempre. Amén (1 Pedro 5:11).

En Cristo,

Gadiel

P.D.

Gracias mil por los comentarios que hacen en el blog cada semana. Realmente nos alientan a seguir adelante haciendo lo que Dios nos ha mandado a hacer. Recibimos tanta bendición y ministración al escribir así como ustedes nos han testificado que reciben al leer. Por favor, si entienden que esta palabra puede ser de beneficio para otros, colaboren con nosotros para distribuir esta página a la mayor cantidad de personas posibles. A través de la red podemos llegar a muchísimos mas que los que hoy podemos tocar en nuestros servicios regulares en Arecibo. También, recuerden "postear" su dirección de email en sus comentarios, si es que necesitan que me comunique con ustedes fuera del blog. Nuevamente, que Dios los bendiga ricamente.

Saturday, September 29, 2007

La razón de la tribulación (Parte 2)

Cuando nos encontramos en tiempos difíciles (dolor físico o emocional, tristeza, problemas con otros, depresión, desánimo o cansancio) nos preguntamos: ¿Es esto normal? ¿Habré hecho algo malo? ¿Se habrá olvidado Dios de mí? Como dijimos la semana pasada, Dios tiene propósitos con nuestra aflicción y la trae para mostrar que él es suficiente, él es todo lo que necesitamos en nuestra vida, que confiemos plenamente en él, aunque no entendamos lo que está pasando.

Esto lo podemos ver más claro en el caso del patriarca Job. Un hombre justo, perfecto y temeroso de Dios, que aún así, fue expuesto a circunstancias tan terribles que muchos de nosotros no resistiríamos ni un segundo. Lo primero que nos muestra el libro de Job es la manera usual que nosotros respondemos a Dios en nuestra crisis. Al final, el libro nos muestra cómo quiere Dios que aprendamos a reaccionar ante nuestra adversidad. Hoy tocaremos la primera parte, la semana entrante veremos el final.

Así que, ¿cuáles son nuestras respuestas a la adversidad?
  1. Volvernos a la incredulidad (Job 2:9) – ¿Para qué vamos a continuar siendo fieles a Dios si él parece no estar muy atento a nosotros?
  2. Auto-conmiseración (Job 3:1-4,20-21) - Nos da pena de nosotros mismos, empezamos a preguntarnos si nuestra vida debió alguna vez comenzar, y si no debería terminar pronto.
  3. Auto-afirmación (Job 27:2) – Recordamos todas las “cosas buenas” que hemos hecho y nos preguntamos cuán justo es realmente Dios. Después de habernos portado tan bien, ¿cómo es posible que nos merezcamos esta situación?
  4. Auto-acusación (Job 22:4-5) – Por el contrario, comenzamos a recordar pecados pasados o luchas presentes con la tentación y nos preguntamos si todo lo que nos pasa tiene que ver con lo “malo que somos”. Aún más, la gente a nuestro alrededor (sobre todo nuestros “hermanos en la fe”) comienzan a vernos con suspicacia. Sospechan de nuestra integridad y presumen que si las cosas nos andan mal, es porque estamos metidos en tremendo lío con el Señor.
  5. Auto-disciplina (Job 33:14, 17) – Pensamos que Dios nos deja pasar por situaciones difíciles para “apartarnos del mal camino”.

Muchas de estas respuestas son correctas en momentos particulares. Es totalmente cierto que Dios nos mete en su disciplina cuando andamos en pecado o vamos en un camino incorrecto, y esto es bueno porque nos mantiene a raya de retroceder en nuestra vida espiritual. Sin embargo, la enseñanza de Job es mucho más hermosa y refrescante. En todas estas respuestas, presumimos erróneamente que si todo anda bien, Dios nos está bendiciendo, pero si todo anda mal, la mano de Dios está contra nosotros o sencillamente Dios nos ha dejado a la deriva. Necesitamos entender que toda tribulación en nuestra vida es ordenada por Dios (Job 1:12) y tiene propósitos de gloria; aunque es mala como la medicina amarga bajando por nuestra garganta, es buena para nuestra salud espiritual. Es por eso que la Palabra nos manda a “regocijarnos en nuestra tribulación” (¡cosa difícil!), porque lo que Dios hace a través de ella es mostrarnos su gloria: su suficiencia en nuestro problema, su fortaleza para que podamos atravesar la situación y llegar al otro lado en victoria. Así que, levántate y regocíjate, dale gracias a Dios por lo que estás pasando, y pídele que se manifieste plenamente a través de ti, para que muchos conozcan de él.

En Cristo,

Gadiel

Saturday, September 22, 2007

La razon de la tribulacion

¿Por qué, a pesar de ser cristianos, tenemos tantos problemas? ¿Por qué llegan tiempos en que todo nos sale mal y Dios no parece estar cerca? ¿Dónde está nuestra vida de victoria, ser “más que vencedores”? La mentalidad evangélica de nuestros días le echa la culpa a una de las siguientes causas:



  • Poca santidad – Nos falta consagración o tenemos pecados ocultos. La solución es orar mas, ayunos mas largos e intensos, hacer mas guerra espiritual, etc.

  • Poca fe – No creemos en Dios lo suficiente, no confesamos positivamente, hablamos derrota constantemente. La solución es “hablar en fe, positivamente”, dar mas y mayores ofrendas, hacer mas sacrificios, etc.

Aunque es posible que nuestros problemas estén relacionados con una de estas dos causas, las soluciones que se proponen están centradas en nosotros, en nuestras fuerzas, en lo “espirituales” que podemos llegar a ser. La idea es que mientras más nos esforcemos, más rápido vamos a salir de nuestra situación y tendremos victoria constante de ahí en adelante.

Este método tiene un pequeño problema: no funciona. Primero, resulta que, como está escrito a través de toda la Palabra, a Dios le gusta llevarse la gloria en todo. Así que, vamos a salir de nuestros problemas cuando Dios quiera, y eso si Dios quiere. Esto se llama Su soberanía. Me dirás, ¿cómo que “si Dios quiere”? ¿Acaso quiere Dios mantenerme en tribulación toda mi vida? ¿Es acaso eso una vida de victoria? Eso depende de cómo definimos la “vida victoriosa”. Si utilizamos el estándar del mundo, una “vida victoriosa” deberá ser un buen auto, una casa espectacular, una pareja que parezca actor/actriz de Hollywood, una familia numerosa con hijos sacados de anuncios de GAP Kids, una cuenta de banco gigantesca, buena salud y larga vida. Pero el estándar de Dios es un poco diferente: “Todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará. Porque ¿qué aprovechará el hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma?”(Marcos 8:35-36). Ciertamente los bienes materiales tienen su lugar de importancia en nuestra vida cotidiana, pero el enfoque de Dios es tu alma, tu ser interior, tu vida espiritual, lo eterno, lo que no perece. Tu calidad de vida en esta tierra tiene muy poco que aportar a los asuntos de la eternidad.

Lo que nos lleva a nuestro segundo punto: Dios hace todas las cosas por Su gracia, esto es, él siempre actúa para traernos algún bien aún cuando no lo merezcamos. Y ¿cuál es el bien que puede venir con los problemas? Se llama madurez espiritual y se traduce en: desconfianza en nosotros mismos, rendición total y aceptación de lo que él decida, verdadera fe en él, nuevas fuerzas, constancia en nuestro caminar espiritual. Por eso la Palabra nos advierte: “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios” (Hechos 14:22). Es “necesario” y lo mejor que nos puede pasar, que nuestro Padre celestial nos ame tanto que se interese en nuestro crecimiento y desarrollo espiritual, y nos meta en situaciones difíciles para mostrarle al mundo gente transformada radicalmente por Su poder, y de vez llevarse solito toda, toda, toda la gloria.

En Cristo,
Gadiel

P.D. En el próximo “blog” hablaremos de nuestra respuesta a la tribulación

Notas de la CCA

Lo que está pasando esta semana:

  • Ayer viernes el pastor Ruby trajo una plática acerca de lo que significa “la gloria de Dios” desde el punto de vista bíblico, y cuál es nuestro llamado al respecto. ¡Excelente! El próximo viernes tendremos a Norma Ávila con una palabra fresca para nosotros (¡Mujeres al poder! ¡Mujeres al poder!)
  • Los jóvenes de la CCA “Only One” reiniciaron su grupo de estudio bíblico de los viernes (8:30 pm) con su nueva “teacher” Lichy. Había unos 27 jóvenes compartiendo intereses y necesidades. ¡Un éxito total!
  • El pasado domingo recogimos una ofrenda super-significativa para nuestros misioneros auspiciados (Gustavo y Maité en Argentina). ¡Gracias a todos por su aportación! Como ya saben, vamos a continuar enviando una ofrenda mensual fija (mesada) a esta pareja de parte de la iglesia.
  • Esta noche las chicas de la iglesia (Ministerio de Mujeres) tendrán su tiempo de “Café” para compartir y conocerse mejor. ¡Las esperamos a todas!

Recuerden entrar al blog el lunes. Vamos a comenzar a hablar del propósito de Dios con nosotros cuando permite tiempos difíciles en nuestras vidas.

En Cristo,
Gadiel

Monday, September 17, 2007

Bienvenidos!

A todos nuestros hermanos y amigos de la CCA (Comunidad Cristiana de Adoración - La Iglesia del Centro - en Arecibo, Puerto Rico), que Dios los bendiga abundantemente! Deseo que "Conversando desde el centro" se convierta en nuestro punto de encuentro semanal en donde podamos:
  • Compartir alguna palabra de aliento y dirección en este tiempo tan confuso y difícil
  • Conversar acerca de algún tema de vida cristiana que te haga crecer y dar fruto
  • Analizar eventos importantes que nos afectan diariamente, a la luz de las Escrituras
  • Comunicarte el progreso de la visión y las estrategias de nuestra comunidad de fe

Cada sábado estaré compartiendo un nuevo “posting” en secuencia. Si buscas a tu mano derecha (en “Blog Archive”) encontrarás los tópicos generales y los “postings” que se han publicado previamente. Lee, estudia, medita y pídele a Dios que hable a tu corazón y necesidad. Si este lugar te es de bendición “postea” tu comentario en el “blog” o envíame un email a pastorgadiel@gmail.com.

En Cristo,
Gadiel