Saturday, December 31, 2011

Un mensaje final en el 2011

En el Salmo 3 encontramos lo siguiente:

¡Oh Jehová, cuánto se han multiplicado mis adversarios! 
Muchos son los que se levantan contra mí.
Muchos son los que dicen de mí:
No hay para él salvación en Dios.

Cuando pasamos juicio acerca del año que concluye, es posible que veamos muchos asuntos negativos que han ocurrido, tanto a nivel general como personal.  En medio de tanta desesperanza (crimen, economía, desastres, sinsabores, desamores, soledad, pérdidas, etc.) es posible que nos preguntemos si esto de "servir a Dios" vale la pena, si hace la diferencia. ¿Estoy mejor que mi vecino? ¿Mi vida es "color de rosa"?  Hay momentos que nos sentimos como el salmista, con el dedo acusador de sus adversarios mientras le dicen: "Tu Dios te dejó".  Sin embargo, para el verdadero creyente, aquel que es sostenido por el Espíritu Santo mientras peregrina por este valle de dolor que se llama vida, Dios es lo mejor que le ha podido pasar:

Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí;
Mi gloria, y el que levanta mi cabeza.
Con mi voz clamé a Jehová,
Y él me respondió desde su monte santo.

El verdadero creyente tiene:

  • Certeza del cuido y sustento de Dios para con su vida
  • Confianza del acceso abierto al Padre que nos regaló el Hijo
  • Reconocimiento de que todo lo que ocurra siempre es lo mejor (¡aunque no necesariamente lo que menos me duele!)

Por esto, hoy, al "acostarnos" en la noche del 2011 y "despertarnos" en la mañana del 2012, la pregunta siempre llega: ¿Qué pasará? ¿Cómo saldrán las cosas? La respuesta nos la da el salmista:

Yo me acosté y dormí, 
Y desperté, porque Jehová me sustentaba.

Cada día, cada nuevo año, cada hálito de vida, llega a nosotros por que Dios nos sigue sustentando. Y por causa de esa mano todopoderosa, soberana, que me sustenta, entonces puedo clamar a viva voz en el 2012:

No temeré a diez millares de gente,
Que pusieren sitio contra mí.

Y puedo orar con fervor para que cualquier obra del enemigo que se levante en contra mía, sea enjuiciada por mi Padre celestial:

Levántate, Jehová; sálvame, Dios mío;
Porque tú heriste a todos mis enemigos en la mejilla;
Los dientes de los perversos quebrantaste.

Y como bien hemos aprendido, declaramos con nuestra boca lo que creemos en nuestro corazón:

La salvación es de Jehová;
Sobre tu pueblo sea tu bendición

En Cristo,
Gadiel

Thursday, December 29, 2011

¡Un nuevo año para Su gloria!

Un año termina y otro comienza.  Un día menos, un día más.  Y todo parece seguir igual. 
Sin embargo, le damos la bienvenida al nuevo año con la expectativa de que algo va a cambiar.  Sufrimos las resoluciones no alcanzadas en el año viejo, y hacemos nuevas resoluciones para el año nuevo.  ¿Por qué pasamos por este ejercicio mental? ¿Por qué es tan importante?

El ser humano necesita ambas cosas: estabilidad y nuevos retos.  Es parte de nuestra dinámica de vida.  Queremos que lo bueno permanezca y florezca, que lo no tan bueno desaparezca, y que cosas mejores se asomen en nuestro horizonte.  ¡Dios nos hizo así!  Añoramos lo mejor, nos agarramos de la esperanza de tiempos mas sosegados, y con esa motivación nos enfrentamos a todos los retos que llegan a nuestra vida. 

Como cristianos, hijos de Dios, coherederos con Cristo de cosas mejores, tenemos que incluir en nuestra fórmula de éxito para el 2012, la resolución más importante de todas: que toda nuestra vida, que cada aliento, que cada esfuerzo, en fin, que todo lo que hagamos, redunde en el testimonio y la gloria de Jesucristo, nuestro Señor.  Como siervos de Dios sabemos que todo lo que construyamos este año, debe estar cimentado en la Roca, que es Cristo.  Aquello que emprendamos, todo nuestro esfuerzo laboral y ministerial, el tiempo que dediquemos a nuestra familia y amistades, tiene que estar impregnado de la gracia de Dios.  Y sobre todas las cosas, que dediquemos nuestra vida a cumplir con el mandato y la voluntad de Dios de expandir Su Reino, para Su gloria.

Por lo tanto, antes de hacer otra cosa, dedica el 2012 a esto:

"Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti…"
(2da Timoteo 1:6)

¡Avívate! ¿Cómo? Renueva tu tiempo de oración, reactiva tu vida de ayuno, comprométete con conocer más de Su Palabra, y resuelve poner manos a la obra en todo aquello que Dios abra puertas. Que cuando concluya el 2012, con todas sus alegrías y sinsabores, mires hacia atrás y veas un año lleno de frutos eternos, ¡vivido para Su gloria! 

En Cristo,
Pastor Gadiel

Friday, December 23, 2011

¡Jesús nació!

En este tiempo en que nuestro pueblo está tan lejos de Dios, es probable que alguno de nosotros todavía relacionemos la época Navideña con el nacimiento del niño Jesús. La nostalgia de la tradición pende sobre nuestra mente, haciéndonos amar y adorar al "divino niño".  Damos muchos regalos (a beneficio de nuestras tarjetas de crédito), hacemos grandes fiesta, nos embriagamos y lanzamos tiros al aire, todo para "celebrar la época de paz y buena voluntad"… aunque las cosas sigan de mal en peor.


Y las cosas ciertamente seguirán de mal en peor porque no tenemos la más mínima idea de la bondad y bendición que fue derramada sobre nosotros esa hermosa noche en Belén:


"Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre." (Isaías 9:6-7)

¿Quién nació? Un príncipe, un consejero… Dios mismo vino a morar entre nosotros (¡Emmanuel!), para traernos paz y seguridad al corazón. Aunque algunos opten por ignorar a Jesús por completo (¡hoy leí acerca de un grupo de ateos en la costa de California, que se adueñaron de una plaza para evitar las tradicionales decoraciones en su vecindad!), ciertamente celebrar solamente su nacimiento cuenta una ínfima parte de la historia:

  • Su vida fue estupenda: "El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová" (Isaías 61:1-2)
  • Su muerte nos sanó: "Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados." (Isaías 53:5)
  • Su resurrección nos da la salvación: "Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos." (Isaías 53:10-11)

Es sumamente triste celebrar la Navidad, mirando el pesebre a lo lejos, con el "palo de ron cañita" en la mano (bebida embriagante ilegal de mi país), abriendo nuestros muchos regalos (que vamos a tirar a la basura antes de que se llegue diciembre de 2012), solo para volver a la misma condición de vida mañana por la mañana. Todo porque admiraste al "divino niño", pero no has abrazado al Salvador del mundo y Señor del universo: Jesucristo.


Procura hoy, salir de tu oscuridad de vida, porque para eso Jesús nació, para que te alumbre la luz de Cristo.  Rinde tu corazón a aquel que se merece toda tu devoción.  Busca comenzar una relación real con el Dios que te da cada hálito de vida, antes de que se apaguen las luces de tu existencia.


"El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos." (Isaías 9:2)



En Cristo, 
Gadiel

Saturday, January 8, 2011

Tu llamado misionero

"Una iglesia verdadera es una iglesia misionera" – James Montgomery Boice

Nos hemos acostumbrado a hablar de “misiones” en nuestras iglesias como algo para lo que trabaja el Departamento de Misiones conciliar o el Comité Misionero local. "Misiones" es mucho más que meramente hacer un “culto misionero” de vez en cuando para recoger ofrendas y enviarlas a misioneros que no conocemos, en lugares lejanos.

El verdadero llamado misionero a toda congregación cristiana, contiene:
  • Un componente local (tiene que ver con mi comunidad y mi familia) y uno global (tiene que ver con las naciones) - El campo misionero es mi casa y mis vecinos, y es China o Asia también. ¿Cómo podre permanecer lejos de casa, en lugar extraño, con gente que no me conocen (y posiblemente no me aman), para predicar el mensaje de Cristo, si no lo hago hoy entre los que conozco, en el lugar de mi confort? Asimismo, ¿cómo no pensar en las naciones que necesitan de Dios y solo conformarme con la bendición que Dios le ha concedido a mi ciudad?
  • Un componente personal (tiene que ver conmigo) y uno de Cuerpo (tiene que ver con la iglesia) – Misiones es también mi llamado; yo tengo que responder a Dios de alguna manera
  • Un componente de enseñanza (doctrina) y uno de predicación (evangelismo) – Misiones no es solamente llevar campañas evangelísticas de “fuego” (por mas buenas que sean) a diferentes lugares, sino también estar dispuestos al largo plazo, al lento proceso de discipular y enseñarle a una nación la doctrina y principios de Dios. ¿Estamos dispuestos a invertirnos en el Reino?
  • Un componente de proclamación (evangelístico) y uno de liberación y sanación (justicia social) – Misiones no es solamente la predicación de la Palabra, sino también la demostración del amor de Dios que es infundido por esa Palabra. No todos predicamos o enseñamos, pero si todos podemos poner nuestro talento, fuerzas y dinero en mejorar la calidad de vida, y traer justicia y equidad a los mas afligidos y menesterosos. ¿Estamos dispuestos a ser doctores sin paga, maestros sin retiro, enfermeras en peligros, carpinteros sin ganancia?

Hay una gran necesidad que solo la iglesia puede llenar. Somos la representación misma de nuestro Señor Jesucristo en esta tierra destruida por el pecado, y solo nosotros tenemos pan de vida, verdad, luz, sal, amor:


“Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor." (Mateo 9:35-36)

¡Dios abre nuestros ojos para que podamos ver lo que tú ves, y podamos sentir como tú sientes!

En Cristo,
Gadiel