Sunday, October 19, 2008

En búsqueda de la santidad

En 1ra de Pedro 1:15-16 la Palabra de Dios nos dice:

“Sino, como aquel que os llamo es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo”

El tema de la santidad del creyente es uno complejo y polémico, pero sumamente importante. De hecho, podemos decir sin temor a equivocarnos, que “buscar la santidad” es la tarea principal del cristiano durante todo su caminar por esta tierra.

Pero, ¿qué es santidad? ¿Es ser perfectos, sin pecado alguno? ¿Acaso puede alguien lograr eso? Si somos honestos, sabemos que es totalmente imposible vivir una vida perfecta según el estándar de Dios, 100% libre de pecados. De hecho, el apóstol Juan nos lo dice con toda claridad (1ra de Juan 1:8):

“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros”

¡Ouch! ¡Qué balde de agua fría sobre nuestra tan cuidada apariencia de buenos cristianos! Entonces, si ser santo es algo inalcanzable, ¿por qué Dios lo exige? ¿Cómo es posible que nos diga: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14)? Para entender la exigencia de Dios tenemos que conocer el concepto bíblico de la santidad.

La santidad bíblica se compone de dos aspectos: (1) lo que Dios ha hecho por nosotros, lo que él declara que ahora es nuestra realidad, y (2) lo que Dios exige de nosotros como norma de vida, como proceso permanente de cambio.
  • Ser “santo” es ser “separado” (o consagrado) para Dios - Esto es algo que ocurre inmediatamente ponemos nuestra fe en Jesucristo y entregamos nuestra vida a él. Dios nos separa para su propósito eterno y nos declara suyos. En 1ra Corintios 6:20 se nos dice: “Porque habéis sido comprados por precio…”; nuestra salvación es una transacción espiritual donde pasamos a ser propiedad de Dios para su uso particular. En este aspecto, somos hechos “santos” inmediatamente nos convertimos a Dios y permanecemos en ese estado por la eternidad.
  • Ser “santo” es vivir moralmente sin reproche – La expectativa de Dios con sus escogidos y santificados es que comencemos un proceso de vida, en el que, según su Espíritu nos vaya enseñando y dirigiendo, nosotros nos movamos cada vez mas lejos de todo lo relacionado a nuestra pasada manera de vivir (nuestro carácter y conductas antiguas), y nos acerquemos a nuestra nueva realidad de vida (el carácter y la conducta de nuestro Padre celestial). En Tito 2:11-12 se nos dice: “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente”
Por lo tanto, según la Palabra, somos santos y estamos en el proceso de santificación. Esto es exactamente lo que Pablo les dice a los Corintios en su saludo: “Pablo, a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos…” (1ra Corintios 1:1-2). Notemos bien que dice: “a los santificados (los que ya son santos, separados para Dios), llamados a ser santos (llamados al proceso de cambiar su estilo de vida por uno acorde a su nueva naturaleza).

Esta definición doble de santidad es clara a través de toda la Palabra, y nos ayuda a no poner sobre nuestros hombros expectativas religiosas incorrectas, pero tampoco ser negligentes en el proceso más importante y esencial de toda nuestra vida cristiana.

En Cristo,
Gadiel