Wednesday, February 29, 2012

El avivamiento y la necesidad de un reformador (Parte I)

Estamos pasando un período negro en la historia de nuestros países latinoamericanos, y el mundo en general.  Todo lo que vemos y escuchamos en las noticias es acerca de corrupción rampante, violencia sin límites, deshonestidad e impunidad abierta, inmoralidad del más alto grado.  Y como si esto no fuera poco, la iglesia ha sido infestada por la misma pestilencia satánica: idolatría al dinero y las posesiones, escándalos sexuales y financieros, y una ausencia total de conocimiento y vivencia bíblica.   

¿Cuál es la consecuencia lógica de este estado?: falta de poder espiritual real.  Y con esa condición, ¿cómo podemos afectar al mundo, si vivimos igual a ellos?  Y, ¿qué podemos hacer en un tiempo como este? ¿Lamentarnos? ¿Añorar los tiempos pasados? ¿Sentarnos en las gradas a criticar al que trata de hacer algo? ¿O tirarnos a la cancha de juego a sudar la victoria?

Este problema no es nuevo.  El período de la historia de los reyes de Israel y Judá, muestra la misma inconsistencia espiritual del pueblo de Dios que sufrimos hoy. El pueblo de Israel oscilaba entre avivamientos espirituales de corta duración, seguidos por períodos de gran idolatría, inmoralidad y corrupción.  La historia del rey Manáses es típica de esta época (refiérete a 2 Reyes 21:1-13):
  • Reinó por 55 años; afectó varias generaciones que nacieron y se criaron sin conocimiento de Dios
  • Hizo todo aquello que Dios aborrecía de las naciones de alrededor; quiso parecerse al mundo
  • Trajo idolatría a la casa de Dios; levantó "adoración" a otra cosa que no es el Dios de los Cielos
  • "Sacrificó" a sus hijos; no les enseño la Palabra de Dios, sino que los instruyó en sus idolatrías 

¿Suena familiar? Hoy tenemos generaciones completas que literalmente son analfabetas bíblicos, que no saben articular en lo que creen, y por lo tanto son presas fáciles de cualquier doctrina errada y cualquier falso maestro que tergiversa la Palabra de Dios para ganancia personal.  Hoy la iglesia es reflejo de lo que hemos sembrado por  los últimos 30-40 años: ¡mala doctrina y mucha emoción falsa!  Y aún mas, hay muchos que opinan que este asunto no es tan importante como para que algunos "pastores sin amor estén tan histéricos".  Me parece que Dios no piensa igual:

"Habló, pues, Jehová por medio de sus siervos los profetas, diciendo: Por cuanto Manasés rey de Judá ha hecho estas abominaciones, y ha hecho más mal que todo lo que hicieron los amorreos que fueron antes de él, y también ha hecho pecar a Judá con sus ídolos; por tanto, así ha dicho Jehová el Dios de Israel: He aquí yo traigo tal mal sobre Jerusalén y sobre Judá, que al que lo oyere le retiñirán ambos oídos. Y extenderé sobre Jerusalén el cordel de Samaria y la plomada de la casa de Acab; y limpiaré a Jerusalén como se limpia un plato, que se friega y se vuelve boca abajo." (2 Reyes 21:10-13)

¡Y todavía no creemos en el juicio de Dios sobre los pueblos, en particular sobre su iglesia! Si el pueblo escogido le da la espalda a Dios para volverse a los ídolos de su corazón (dinero, prosperidad, poder, fama, etc.),  la ira de Dios está garantizada.  Entonces, ¿qué podemos hacer? Comencemos orando en humillación, para pedir perdón por nuestros pecados, gracia para convertirnos de nuestros malos caminos, y para que el Espíritu de Dios vuelva a bendecir con su poder y santidad Su pueblo.

En Cristo,
Pastor Gadiel