Sunday, May 23, 2010

“Señor, ¡Enséñame a orar!” - Al Padre

Es un instinto básico de los hijos el buscar y recibir ayuda y protección de sus padres en medio de su necesidad, y de los padres el dar protección y provisión a sus hijos para su seguridad y bienestar. No sé si fue esa relación de intimidad padre-hijo que los discípulos desearon cuando vieron a Cristo orando y le pidieron que les enseñara a hacer lo mismo:

“Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos.” (Lucas 11:1)

Este pasaje nos muestra algo extremadamente importante:

  • Que para entablar una relación con Dios significativa, necesitamos ser enseñados
  • Presume que nosotros no sabemos cómo acercarnos a Dios correctamente
  • Dios está en total disposición de enseñarnos

La respuesta de Cristo no se hizo esperar:

“Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos…” (Mateo 6:9)

Este prefacio a la oración de Jesús nos ubica en la perspectiva correcta en relación a Dios:

  • Dios es nuestro Padre (intimidad)
  • Dios está en el cielo (trascendencia)

Hoy vamos a hablar acerca del Padre íntimo y la próxima semana hablaremos del Dios trascendente.

El Padre, ¿de todos?

La gente opina que “todos somos hijos de Dios”. Esto es correcto desde la perspectiva amplia de la creación de Dios, pues somos sus “criaturas”. Sin embargo, la paternidad de Dios es algo que recibimos por medio de creer en el sacrificio de Cristo en la cruz del Calvario:

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12)

A esto la Biblia llama el regalo de la adopción; somos hecho parte de la familia de Dios:

"Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios” (Efesios 2:19)

Así que Dios es “Padre nuestro” (en el sentido íntimo) de todos aquellos que han sido recibidos en la familia celestial a través de creer en Jesús.

¿Qué significa esto para mí?

Dios no es una fuerza impersonal que flota en el universo, ni es un creador patético que formó un mundo en caos y se fue de vacaciones, ni es la “madre” de todos, ni tampoco igual a los padres terrenales abusadores, maltratantes y negligentes. maltrecha por causa del pecado, Dios no es igual a ellos

Dios es nuestro Padre que nos hizo miembros de su casa por amor:

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios” (1 Juan 3:1)

Dios es nuestro Padre que nos mira con compasión a causa de nuestra condición humana caída:

“Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen. Porque él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo.” (Salmo 103:13-14)

Dios es nuestro Padre que nos protege en medio de toda aflicción y pesar:

“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza.” (Salmos 46:1-3)

Dios es nuestro Padre que nos provee en medio de nuestra necesidad:

“¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” (Mateo 7:9-11)

Por lo tanto, no esperes más, y vuelve a la casa del Padre, al lugar de seguridad, provisión y paz. ¿Cómo lo haces? Entrega tu voluntad total a Jesús, ríndete a su demanda de arrepentimiento y conversión radical, vuélvete a él “mientras pueda ser hallado”, y encontrarás en él tu entrada a la familia celestial.

En Cristo,

Gadiel