Saturday, September 13, 2008

Los cuatro tipos de corazón – El corazón bueno

En los últimos meses hemos explorado la Parábola del Sembrador de Mateo 13. En ella Jesús nos presenta cuatro tipos de “terreno” (o de corazón, que representa la condición interna en el ser humano), que producen cuatro tipos de fruto (o nuestra reacción al evangelio de Cristo). Esas reacciones vienen desde (1) mostrar ningún interés (corazón endurecido), (2) mostrar un interés “genuino” en lo exterior pero sin ninguna profundidad interna (corazón superficial), (3) mostrar un interés mezclado, con múltiples prioridades (corazón mundano), y como veremos hoy, (4) mostrar un interés genuino por las cosas de Dios y su Reino (corazón bueno).

¿Cuál es el corazón “bueno”? Jesús lo presenta en la Parábola de la siguiente manera:

“Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, cuál a treinta por uno… Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta y a treinta por uno” (Mateo 13:8, 23)

La “buena tierra” es un pedazo de terreno que no presenta las características malas de los terrenos anteriores (dureza extrema, camadas de piedra debajo del terreno, muchos espinos y hierba mala). Este es un terreno al que le han abierto surcos, y ha sido limpiado de piedras y raíces malas. Es un terreno realmente listo para recibir, guardar y nutrir una buena semilla. Cuando es regado y cuidado, este terreno “da fruto”. La idea final de trabajar un terreno es recibir ganancia de él. El agricultor lo trabaja con esfuerzo para lograr obtener resultados. No todas las secciones del terreno dan igual cantidad de frutos, pero al menos el agricultor recibe algo positivo (poco o mucho) a cambio de su labor.

Jesús compara al terreno bueno con un corazón que da fruto. Dios está esperando una respuesta genuina y definitiva a su anuncio del evangelio, sus buenas noticias: un cambio radical de estilo de vida que siga los pasos del ejemplo supremo que Cristo nos dio en su paso por la tierra. Por lo tanto, la prueba final de que nuestra conversión es genuina, de que hemos realmente rendido nuestra vida a Jesús (reconociéndolo como nuestra única alternativa a vivir una de significado hoy, y obtener la vida eterna en el mañana), es que nuestro caminar por la vida hoy presente marcas celestiales. Somos diferentes al resto del mundo, nos comportamos diferente, nuestras decisiones las tomamos desde la perspectiva de la ley de Dios (lo que él aprueba y desaprueba), y vivimos para mostrar amor y compasión hacia los demás, haciendo el bien a todos por igual y regando la noticia de esta nueva vida en Jesús.

¿Cómo logramos esto? Jesús nos da la respuesta en su explicación de este “terreno” bueno: es el que (1) oye el evangelio, (2) entiende el evangelio, y (3) da fruto. Todos “oyen” el evangelio en alguna ocasión. Muchos logran “entender” el evangelio en el nivel intelectual (¡pregúntele a un ateo!). Pero son muy pocos los que “dan fruto”, los que actúan sobre lo que se les ha dicho. Estos son los que se miran por dentro y se dan cuanta de su condición real, los que se duelen por el abismo que existe entre Dios y ellos, los que creen, aceptan y se rinden ante el anuncio de que Jesús es Dios y que vino a cerrar esa distancia entre él y nosotros por medio de la cruz del Calvario. Estos son los que se llenan de hambre y pasión por conocer a ese Dios que les ha venido a buscar, y quieren comportarse de tal manera que no dañen y destruyan esa nueva relación personal. Estos son los que aprenden que, aunque de este lado de la vida todavía mantenemos ciertos malos hábitos que se nos han “pegado” de nuestra experiencia pasada, hemos recibido de Dios el regalo de su presencia por medio del Espíritu Santo habitando en nuestros corazones. Este Espíritu es quién nos ayuda a entender las cosas de Dios, nos da dirección para nuestra vida, nos corrige en nuestro mal proceder, y nos da las fuerzas sobrenaturales para apartarnos de nuestros malos hábitos. En fin, esto produce el cambio de actitud y estilo de vida que es el “fruto” que Dios está esperando de nosotros.

¿Por qué hemos insistido en hablar de la condición del corazón? Esta Parábola que hemos estudiado nos define claramente cual es la actitud correcta hacia el mensaje del evangelio de Dios, y cuáles son las actitudes que nos apartan de ese mensaje. Es claro de nuestra discusión en todo este tiempo, que podemos estar sumamente engañados acerca de nuestra supuesta “cristiandad” y religión. Dios no mira lo de afuera, sino que nos conoce en lo mas profundo de nuestro interior, esto muy diferente a nosotros, quienes somos engañados frecuentemente por nuestro propio corazón. La Palabra de Dios intenta abrir nuestros ojos y confrontarnos con nuestra realidad hoy, para que hagamos cambios radicales en sumisión delante de Dios, antes de que sea demasiado tarde. Si no estamos viviendo y produciendo como el terreno “bueno”, no somos cristianos, no importa lo conformes que estemos con la calidad de nuestra supuesta “vida espiritual”. ¡Y a salir de toda hipocresía y engaño, y dar verdaderos resultados eternos, es a lo que nos llama el Señor!

En Cristo,
Gadiel