Friday, March 14, 2008

Conociendo a Dios – Parte 9

La semana pasada hablamos acerca de nuestra idea de Dios: así como pensemos de él, de esa manera será nuestro compromiso con sus cosas. Por esto es esencial conocer a Dios de la manera en que la Palabra lo muestra; si no lo hacemos asi, nuestra fe se debilitará grandemente. La iglesia que no conoce a Dios termina perdiendo el temor a él. Y si perdemos el temor de Dios, no tomaremos en serio sus reclamos (su santidad), y nos parecerá poco probable que él nos castigue por nuestros pecados y faltas. Nos decimos a nosotros mismos: “Nadie es perfecto, Dios lo sabe, y ¡él es amor!, así que no nos va a castigar. ¡Eso son pamplinas de viejos!”

¿De dónde sacamos un concepto tan degradado de Dios? Ya que estamos tan mal informados por no leer y estudiar cuidadosamente toda la Palabra de Dios, tendemos a crear nuestras propias ideas acerca de quién es Dios y como es su carácter. Hoy vemos por doquier (en “posters”, libros religiosos, presentaciones románticas en la Web) el concepto de un Dios que parece mas un padre malcriador, que no tiene control de sus hijos, y que está rogando porque le hagamos caso. Él es el amigo, compañero, ayudador, servidor, el que nunca se ofende y siempre perdona, el que nos entiende y soporta, el que nunca nos hará daño. En fin, Dios es como uno de nosotros. Nos hemos hecho una imagen de un viejo abuelo, sabio y sin fuerzas, que nos da todo lo que queremos y no nos reprocha por nuestra mala conducta (¿acaso no hemos escuchado en la calle que todo el que se muere “va al cielo” no importa la clase de vida que haya vivido?) Esto es hacernos una idea personal y muy acomodada del Dios con el que queremos “hacer negocios”. Esto se llama idolatría, es bajar a Dios al nivel de la criatura, y es un pecado terrible.

En el Salmo 50, Dios trae a juicio al pueblo de Israel por hacer exactamente eso. Dios se denomina el Juez (v.6), una función que no nos gusta nombrar mucho. Dios les condena por su religión falsificada (v.8-13), pues creían que llevando a cabo los ritos establecidos (sin tener el corazón correcto) iban a “apaciguar” a Dios. Esto es exactamente lo que las naciones paganas piensan de sus “dioses”; seres variables, sujetos a pasiones que “hay que mantener contentos”. Algo así continuamos haciendo hoy cuando “vamos a la iglesia” los domingos, echamos la “pesetita voladora” en el plato de la ofrenda, y salimos corriendo para continuar con nuestra vida sin Dios. Dios recrimina esta falsa religiosidad en los versículos 16-17, apuntando a la falta de amor hacia la verdad como la peor hipocresía en contra de él:

“Pero al malo dijo Dios: ¿Qué tienes tu que hablar de mis leyes, Y que tomar mi pacto en tu boca? Pues tu aborreces la corrección, y echas a tu espalda mis palabras”

Y es entonces donde Dios da el diagnóstico de la condición, la razón por la cual el pueblo trataba a Dios tan livianamente (v.21-22):

“Estas cosas hiciste, y yo he callado; pensabas que de cierto sería yo como tú; pero te reprenderé, y las pondré delante de tus ojos. Entended ahora esto, los que os olvidáis de Dios, no sea que os despedace, y no haya quien os libre”

Dios es Dios. No es como nosotros, y no tenemos derecho a tratarlo como si fuera un “pana”. Nuestra función como cristianos es acercarnos a su Palabra para ver que ella dice acerca de él, y entonces regirnos día a día por aquello que le agrada. Él y sólo él, se merece toda la gloria, toda la honra, la alabanza y adoración. Los que siguen ese camino (de conocerle y seguirle) verán las bendiciones de Dios en sus vidas:

"El que sacrifica alabanza me honrará; y al que ordenare su camino, le mostraré la salvación de Dios”
Salmos 50:23
En Cristo,
Gadiel

Saturday, March 8, 2008

Conociendo a Dios – Parte 8

¿Por qué la condición moral y espiritual de la iglesia es tan pobre en este tiempo? Con tristeza tenemos que admitir que en los últimos años la iglesia evangélica ha estado repleta de malos ejemplos de vida cristiana: adulterio, fornicación, abuso matrimonial, y escándalos financieros. Pastores que violan la confianza de su congregación, vidas dobles e inmorales, y un apetito super-desmedido por el dinero y los lujos entre los líderes. Y lamentablemente esto es lo que entonces le enseñan a las congregaciones, y terminamos con una iglesia igual o peor que el mundo del cual nos separaron. Otra vez nos preguntamos, ¿por qué?

A.W.Tozer, un excelente pastor y maestro de mediados del siglo pasado (todo lo que consigas de él cómpralo y léelo), lo expresó más o menos así: “Como veas a la iglesia por fuera, te da una indicación de lo que ella piensa de Dios en su interior”. Dicho de otra forma: de la manera que conozco a Dios así seré y me comportaré. Basado en esto, parece que nuestra iglesia hoy en día no está sirviendo al mismo Dios que nuestros antepasados, y mucho menos al Dios de la Escritura.

Los seres humanos nos asombramos ante algo espectacular, grande, hermoso, importante. Si tenemos la oportunidad de acercarnos a un líder político respetable, a un artista famoso, o a un excelente atleta internacional, nos llenamos de admiración y nos sobrecogemos por el momento especial que nos tocó vivir. Nos gusta aprender y hablar con otros acerca de nuestros héroes, gente especial y única, que emprenden grandes retos y cumplen inmensas hazañas. Una buena pregunta para cada llamado cristiano de hoy: ¿Nos asombramos y sobrecogemos ante el pensamiento de Dios? O dando un paso atrás en el argumento: ¿pensamos alguna vez en Dios?

Como dijimos anteriormente, lo que pensamos de Dios se nota en nuestra relación con él y cómo se lo “vendemos” al mundo. Por lo tanto,

  • Si nuestro Dios es asombroso, alto (Soberano, Rey, Señor, el que manda en tu vida), sublime (el deseo de tu corazón, la persona con quién más quieres estar, la que más extrañas cuando estás lejos), fuerte y todopoderoso (la persona en quien más confías), perfecto y santo (tu estándar a seguir, tu ídolo, tu héroe), entonces los demás verán en nosotros un anhelo por seguirle, por amarle y estar con él siempre. Seremos gente que necesitamos a Dios cada día.

  • Ahora, bien, si nuestro Dios es pequeño (más parecido a los hombres que nos rodean), simple (que hay que mantenerlo “de buenas” con algún regalito ($$$), salir con él “de vez en cuando”, que no sabemos de qué humor estará hoy), escondido (que no sabe o no le importa lo que está pasando en la tierra, que no tiene el control del día de hoy ni del mañana), irrelevante (super-aburrido, “old fashion”, de viejos), entonces los demás verán en nosotros poca reverencia, escasa adoración, una relación personal con Dios inexistente. Trataremos a Dios y sus cosas con poca estima y deferencia. O aún peor, negaremos que el Dios que nos han enseñado es el verdadero y nos inventaremos uno nuevo que esté mas a tono con lo que creemos que él debe ser.

Esto se llama idolatría y hablaremos de ello la semana entrante.

En Cristo,
Gadiel

Saturday, March 1, 2008

Conociendo a Dios – Parte 7

La semana pasada vimos que Dios se muestra a nosotros (se deja conocer) a través de su Hijo Jesucristo:
“El que me ha visto a mi ha visto al Padre”
(Juan 14:9)
El resultado de conocer a Dios a través de Jesús es obtener la vida eterna, la seguridad de que cuando termine nuestra vida en la tierra, no se acaba todo sino que realmente comienza la mejor parte:
“Y esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero y a Jesucristo, a quien has enviado”
(Juan 17:3)
Jesucristo hizo el reclamo de exclusividad en nuestra búsqueda de Dios. Dijo que no había otra forma de llegar al Padre sino era a través de él:
"Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre, sino por mi”
(Juan 14:6)
Este reclamo es considerado hoy en día muy ofensivo. “Todas las religiones nos llevan a Dios” dicen muchos. Consideran a los cristianos como tontos ignorantes que no están “abiertos” a aceptar otros puntos de vista, otras religiones “buenas”. Pero (tomando un pensamiento del apologeta cristiano Ravi Zacharias) no es posible que todas las religiones puedan estar en lo correcto. Eso es un pensamiento absurdo e ilógico. La verdad no es lo que nosotros queremos que sea; la verdad es solo una, lo que Dios dice. Jesús predicó que él tenía la verdad, y que esa verdad nos llevaría al Padre y nos haría libres.
Entonces, ¿cómo puedo conocer a Jesucristo?:
  • A través de su Palabra – Dios designo a la predicación como el medio para hacernos llegar el conocimiento acerca de él (Romanos 10:14). El estudio concienzudo de la Biblia y el escuchar atentamente a los que predican el verdadero mensaje del evangelio, acompañado de fe, va a producir salvación en nuestras vidas.
  • Obteniendo una relación personal con Jesucristo –Es recibir a Jesús en nuestro corazón, aceptando su llamado al arrepentimiento de nuestra vieja vida y la renovación de propósito en nuestra nueva vida. Es comprometernos con él, para conocer los principios del Reino e identificarnos con las preocupaciones de Jesús. Es volvernos en amistad con Dios, para obtener paz y seguridad en él

En Cristo,
Gadiel