Saturday, December 15, 2007

¡Felicidades!

Al concluir este año 2007 es mi oración que pases una feliz Navidad en el Señor y que el nuevo año traiga para ti y los tuyos muchas bendiciones de su parte. Sabemos que este ha sido un año difícil y complicado, que las noticias que recibimos cada día son nada agradables, que los niveles de estrés están altísimos, y que todo parece confabularse para deprimirnos y desanimarnos. Recuerda que el Señor claramente nos dejó dicho en su Palabra:

“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”
Juan 16:33

La aflicción que estás pasando, y los vientos difíciles que parecen avecinarse sobre la tierra, ya están predichos en la Palabra de Dios. Ya el Señor sabe lo que va a pasar puesto que él tiene todo el destino de este mundo en su completo control. Nuestra esperanza y paz está en Cristo, el que ya venció, y ha prometido hacer realidad esa victoria para cada uno de los que hemos puesto nuestra confianza en él.

Puede que la solución que Dios provea a tu necesidad particular no venga como la has estado esperando, pero es importante entender que Dios es quien maneja tus circunstancias y sabe lo que es mejor para ti. De tu parte asegúrate de dejar todas tus necesidades en Sus manos y dedícate a las cosas del reino de los cielos. Conviértete en un cristiano de oración, de intercesión por otros, por tu pueblo, por tu país y por los asuntos de la Iglesia de Cristo. Estudia la Palabra de Dios con intensidad y devoción, reconociendo que ahí vas a encontrar una sabiduría que no existe en otro lugar de la tierra. Busca un lugar en donde puedas confraternizar regularmente con otros creyentes en la fe, un lugar que predique la verdadera Palabra de Dios y se sirva a los demás. Asegúrate cambiar tu estilo de vida por uno que agrade a Dios y sobre todas las cosas sigue la demanda de la Palabra: confía, confía, confía!

“Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sea contigo y los tuyos. Amén”
2da Corintios 13:14 (parafraseado)

En Cristo,
Gadiel

P.D. Nos vamos a tomar un receso hasta pasadas las festividades en Puerto Rico (¡como somos “fiesteros” esto durará hasta mediados de enero!). En el nuevo año esperamos que el Señor nos conceda una nueva oportunidad para compartir contigo Su Palabra y juntos recibir de él todas sus bendiciones.

Friday, December 7, 2007

El cristiano y el sufrimiento (Parte 3)

La semana pasada vimos el testimonio de Pablo acerca de sus luchas y aflicciones por causa del evangelio de Jesucristo. Pablo había dejado atrás los beneficios y placeres que le ofrecía su vida en la tierra, con la mira puesta en ganar lo que es más importante: la vida eterna junto a Cristo:

“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo”
Filipenses 3:7

Es por esto mismo que el Señor Jesús dijo:

“Y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará”
Marcos 8:35

“Perder la vida” significa no lograr, recibir ni alcanzar las cosas que, a los ojos de este mundo y su sistema de valores, son mas importantes. Es estar dispuestos a que Dios cambie el destino de tu caminar, que tronche alguna gran meta que está en tu corazón, que no cumpla tus anhelados sueños, todo por causa de seguirle a él, su ley, sus mandamientos y su llamado para ti. Sin embargo, lamentablemente hoy estamos predicando un tipo de evangelio no-bíblico que nos dice que Dios nos ama tanto que va cumplir todos nuestros anhelos, que nos va a dar todo lo que deseamos, que le va a quitar las cosas a los impíos para dárnoslas a nosotros, para que vivamos al estándar de ellos. Primero, que el estándar del mundo es “basura” según la Palabra, cosa que Dios no nos va a conceder:

“Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo”
Filipenses 3:8

Segundo, que no hay padre terrenal sabio y cuerdo (¡y Dios es mejor que cualquier padre terrenal!) que le dé a sus hijos todo lo que ellos quieren; eso es instigarle codicia, avaricia y prepotencia de niños malcriados. Dios no es un Padre mimador, sino uno que corrige y reprende, porque nos quiere elevar de nuestra presente condición caída a su estándar de santidad y pureza, todo para su gloria:

“No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, ni te fatigues por su corrección. Porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere”
Proverbios 3:11-12

Hoy, más que nunca, necesitamos recalibrar nuestro pensamiento de acuerdo a lo que nos enseña la Palabra de Dios. Como cristianos, ciudadanos del reino de los cielos, reyes y sacerdotes, no medimos nuestro éxito de la misma manera que lo mide el mundo. Nuestra vida en Cristo contiene una porción de sufrimiento, que valida que estamos “nadando en contra de la corriente” de este mundo, y que a su vez nos hace depender enteramente del Dios que es nuestro sustento. Y obtendremos de parte del Señor, más y mejores promesas, placeres sin fin, bendiciones a granel, aquel día que partamos de esta tierra o el Señor nos venga a buscar. Mientras tanto, la promesa para el día presente es:

“Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla, más volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas”
Salmos 126:6

En Cristo,
Gadiel

Saturday, December 1, 2007

El cristiano y el sufrimiento (Parte 2)

Nos preguntamos la semana pasada: ¿Es el sufrimiento en el creyente algo que puede ocurrir? ¿Es algo aceptable? Más aún, ¿es bueno? ¿Deseable? La Palabra de Dios tiene una respuesta a este asunto que muchos encontrarán algo extraña en esta época de la predicación de la prosperidad (lo que resumo a continuación lo puedes estudiar con mayor detalle en el libro “Sed de Dios” de John Piper):

“Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe… Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los mas dignos de conmiseración (lástima) de todos los hombres”
1ra Corintios 15:14, 19

En esta carta Pablo está atendiendo un problema doctrinal en la iglesia de Corintios. Se había infiltrado una herejía que negaba la resurrección de los muertos. El equivalente moderno a esa herejía es el materialismo ateo, que dice que no hay una vida mejor en el futuro, y por eso tenemos que gozar lo que esta vida presente nos ofrece (salud, dinero, lujos, placeres, éxito, posiciones, poder, etc.) porque luego no habrá mas. Por el contrario, la sana doctrina bíblica nos muestra que la genuina esperanza del cristiano es la vida eterna con Cristo. Ésta es la promesa de un mejor tiempo del que estamos pasando en la tierra hoy y ahora. Somos peregrinos en este lugar, lo que nos dice que no pertenecemos a este mundo con todo lo que nos ofrece. En el texto que citamos arriba, Pablo está diciendo: “Si todo lo que hay para nosotros es esta vida presente, entonces ¡hemos estado perdiendo el tiempo con esto de la predicación del evangelio, porque es una gran mentira, y somos los mas dignos de pena!” ¿Por qué Pablo dice esto? La respuesta a esta pregunta nos arroja luz sobre el tipo de vida que Pablo estaba viviendo por causa del evangelio:

“¿Y por qué peligramos a toda hora? Os aseguro (¡protesto!)…que cada día muero… Si como hombre batallé en Efeso contra fieras, ¿de que me aprovecha? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos que mañana moriremos.”
1ra Corintios 15:14, 19

Pablo nos dice que su vida en Cristo se había convertido en una difícil, peligrosa, sufrida, mortal, y si no había recompensa en el mas allá, lo lógico sería olvidar todo el asunto y vivir la vida mas tranquila, cómoda y próspera que pudiera lograr. La vida normal del ministro de Dios (y todos somos ministros en la casa de Dios) es una de luchas, traspiés, enredos, problemas, resistencias, demandas y exigencias, todo por causa del avance del reino de Dios en nuestro lugar y época. Por eso es que en nuestra experiencia, cada vez que nos dedicamos genuinamente a los asuntos de Dios, comenzamos a enfrentar situaciones difíciles y problemas que intentan persuadirnos a “dejarlo todo” y huir. Por lo tanto, si entendemos que el sufrimiento es parte común de la vida de aquél que decide “enredarse” con el evangelio de Cristo, estaremos más preparados para enfrentar estos retos agarrándonos fuertemente de nuestro Padre celestial, quien es soberano y tiene todo bajo su control.

En Cristo,
Gadiel